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SÁB, 17 OCT 2026
Economía

El sueldo mejora, la inflación baja, pero el consumo sigue mirando de reojo la dolarización

Los salarios llevan cinco meses ganándole a los precios y la inflación de agosto perforó el 1,7%, aunque el dinero se refugia en dólares y el crédito no termina de arrancar.

GV
Graciela VidelaInterior provincial y campo · · lectura 4 min
El sueldo mejora, la inflación baja, pero el consumo sigue mirando de reojo la dolarización

El amanecer llegó con una llovizna fina sobre los lotes de la zona núcleo, esa que moja el rastrojo pero no alcanza para revertir lo que el calendario viene pidiendo a gritos. En el campo argentino, cuando la plata que entra por la cosecha no termina de traducirse en movimientos en los pueblos del sur, algo no cierra: o falta precio, o falta confianza, o faltan las dos cosas. Y el parte que llegó estos días desde la city porteña tiene ese mismo aroma adata que el productor reconoce enseguida: suben los sueldos, cede la inflación, pero el consumo no termina de carburar. La diferencia es que esta vez el diagnóstico no lo firma un ruralista cansado sino un economista con los números en la mano.

El Índice de Precios al Consumidor de agosto marcó 1,7% mensual, un registro que para los analistas consultados suena a música lejana en medio de varios años de a saltos mucho más violentos. Y, como si fuera poco, los salarios acumulan cinco meses consecutivos creciendo por encima de la inflación, lo que en la jerga económica se llama recuperación real del ingreso. Con esas dos variables alineadas, la teoría asegura que las familias deberían salir a gastar: cambiar el celular, arreglar la cocina, tomarse unos días en la costa. Sin embargo, los mostradores y las góndolas siguen sin reflejar ese repunte esperado, y la pregunta que se hacen los especialistas es dónde quedó esa plata que no se destinó al consumo.

Cuando el peso extra se transforma en billete verde

Fernando Marull, economista y director de la consultora que lleva su apellido, lo explicó con la contundencia de quien mira los datos todas las mañanas: "Los salarios ya acumulan cinco meses de recuperación real, en un contexto de descenso de la inflación. Pero se nota mucha cautela y ese rebote no está yendo al consumo." En buen romance: el dinero entra, se transforma en dólares a gran velocidad y se queda en el cajón, en la caja de seguridad o en la cuenta bancaria en moneda extranjera, esperando tiempos mejores que todavía no llegan.

Los números asustan. En julio, el público argentino adquirió cerca de 3.000 millones de dólares para atesoramiento, lo que representa un salto de casi 50% respecto de los meses previos. Un tercio de esos billetes quedó en las entidades financieras, otro tercio salió del sistema financiero hacia destinos que las estadísticas no terminan de precisar y el resto se destinó al pago de los resúmenes de tarjeta en moneda extranjera, una práctica cada vez más común entre familias de ingresos medios y altos. Cada peso que se dolariza es un peso que no compra una heladera, no paga una cena afuera ni financia un weekend en algún punto del país.

El crédito se hace esperar y los bancos miran de costado

Si el consumo no levanta por el lado del ingreso, tampoco lo va a hacer por el lado del financiamiento, que es la otra vía clásica para mover la aguja del comercio. Las entidades bancarias arrastran niveles elevados de morosidad heredados de los meses más críticos, con familias que se atrasaron en las cuotas y con empresas que pidieron financiamiento de emergencia para pagar sueldos. Esa mochila pesada hizo que las entidades se mostraran reacias a prestar, aun cuando las tasas de interés empezaron a ceder tímidamente. Se espera que en los próximos meses el crédito vuelva a fluir, pero la cautela del sistema financiero opera como un freno de mano que todavía nadie se anima a soltar.

Del otro lado de la vereda, la economía muestra dos Argentinas que avanzan a velocidades distintas. Los sectores vinculados a las exportaciones, como energía, agro y minería, crecen con fuerza y se llevan una porción cada vez mayor de la torta. La industria y la construcción, en cambio, acumulan caídas que en julio llegaron a 5% en ambos casos, reflejo de que el alivio en los salarios todavía no se derrama hacia la actividad general ni hacia el empleo formal. En los pueblos donde la fábrica cerró o la obra se paralizó, la mejora del sueldo promedio es una estadística bonita que no llega a fin de mes.

Lo que el Estado todavía no resolvió

Para los próximos meses, el escenario más probable es de precios estables o con subas moderadas, salarios que podrían seguir ganando algo de terreno real y un consumo que tardará en reactivarse mientras la incertidumbre siga empujando al ahorro en dólares. La pregunta del millón que se hacen las familias chaqueñas, los comerciantes de Mar del Plata, los productores del sur de Santa Fe y las pyme de la provincia de Buenos Aires es cuándo se animarán los argentinos a gastar cuando sienten que sus sueldos mejoran, y la respuesta todavía no la tiene nadie, porque la confianza es un bien que no se compra en el supermercado ni se financia con tarjeta. Lo que el Estado todavía no resolvió es la parte más difícil de la película: devolverle a la gente la certeza de que el peso de mañana vale al menos lo mismo que el de hoy, porque sin esa ancla ningún indicador macroeconómico, por bueno que sea en el papel, alcanza para mover del surco a la góndola.

GV
Graciela VidelaInterior provincial y campo

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