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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

El silencio que llega antes: cómo advertir a tiempo cuando un joven empieza a apagarse

Las cifras oficiales muestran un crecimiento del 57,7 por ciento en los suicidios entre 2017 y 2025, y la psicóloga María Fernanda Azcoitía, directora del Centro de Asistencia al Suicida, insiste en que la clave está en observar cambios en la conducta habitual y en saber escuchar sin apurar respuestas.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 3 min
El silencio que llega antes: cómo advertir a tiempo cuando un joven empieza a apagarse

La esquina del CAS, sobre la calle que sube hacia el centro de Buenos Aires, tiene ese movimiento apurado de media mañana que uno asocia con cualquier oficina profesional, aunque acá, en el Centro de Asistencia al Suicida, las conversaciones son de otro peso. Atiende María Fernanda Azcoitía, psicóloga y directora de la institución, y lo primero que hace al abrir la puerta es pedir un café como si uno fuera un vecino del barrio de siempre. Acá, dice, todo se trabaja con tiempo y con nombre de pila.

El punto de partida son los números que difundió la OMS y que reordenaron la conversación pública: en la Argentina, 5.209 personas murieron por suicidio en 2025, contra 3.304 en 2017, un aumento del 57,7 por ciento que ubica al suicidio como la primera causa de muerte entre los 15 y los 34 años, por encima de los accidentes de tránsito. La tasa nacional pasó de 8,2 a 11,8 casos cada 100.000 habitantes, y la tendencia, según la Organización Mundial de la Salud, no es exclusiva de la Argentina sino parte de un fenómeno global de crecimiento de la depresión y el suicidio.

Una marca que dejó el aislamiento

Azcoitía señala que el período de aislamiento social dejó una marca particular en quienes transitaban la escuela secundaria. Para algunos jóvenes con dificultades previas para vincularse, el regreso a la presencialidad implicó enfrentar exigencias para las que no tenían recursos desarrollados, y eso se nota todavía en los consultorios.

“El suicidio siempre es multicausal, nunca hay una sola razón.”María Fernanda Azcoitía, directora del Centro de Asistencia al Suicida de Buenos Aires

La psicóloga rechaza las explicaciones de una sola causa y enumera un mapa de factores que suelen combinarse: psicológicos, relacionales, familiares y biológicos, con el deterioro económico, una ruptura amorosa o un conflicto escolar como parte del contexto, pero nunca como explicación suficiente por sí mismos. Acá, en el barrio, dice Azcoitía, las familias suelen llegar buscando un culpable y lo que encuentran es una madeja.

Qué observar, según la especialista

Sobre las señales que el entorno puede detectar, Azcoitía es clara: la clave es mirar los cambios respecto de la conducta habitual de cada persona. Un adolescente que siempre fue expansivo y de pronto se aísla, o uno que era inhibido y aparece con conductas disruptivas, merece atención. El aislamiento por sí solo no es indicador definitivo; es la diferencia con el patrón previo lo que importa, y para advertirla hace falta conocer a quien tenemos enfrente.

  • Observar cambios respecto del comportamiento habitual, más que aislar un síntoma aislado.
  • Prestar atención a retraimiento marcado o, por el contrario, a conductas disruptivas que rompen el patrón previo.
  • Atender el uso de redes sociales como único canal de comunicación, las adicciones, los trastornos de la alimentación, el bullying, los abusos y los conflictos familiares.
  • No minimizar expresiones de agotamiento, desesperanza o ideas de muerte, aunque aparezcan como chiste.
  • Acompañar sin apurar respuestas y, si la preocupación persiste, consultar a un profesional de salud mental.

En jóvenes adultos que viven solos, la detección suele recaer en compañeros de trabajo o amigos, y Azcoitía insiste en que nadie tiene que estar preparado para ser terapeuta: alcanza con escuchar, tomarse en serio lo que se dice y facilitar el acceso a una consulta profesional. Sobre las plataformas digitales, evita una condena general pero advierte que se vuelven preocupantes cuando desplazan otros vínculos y cuando la persona que las usa ya estaba vulnerable.

El proceso, subraya la directora del CAS, nunca ocurre de un día para el otro ni es un arrebato sin aviso, y esa es, paradójicamente, la noticia menos dramática y más importante: hay tiempo para advertir, hay tiempo para preguntar, hay tiempo para acompañar. Por eso, antes de despedirme, le pregunto a Azcoitía qué le diría a un padre o a una docente que hoy siente que se le pasa algo por alto, y la psicóloga se acomoda en la silla como si se dispusiera a hablarle a alguien del barrio.

“Hay que mirar al chico, escucharlo de verdad y, si la preocupación persiste, pedir ayuda: salvar una vida no requiere saber todo, requiere estar presente.”María Fernanda Azcoitía
FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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