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SÁB, 17 OCT 2026
Economía

El metro cuadrado se escapa y los monoambientes con amenities se convierten en la puerta de entrada al techo propio

Los precios de construcción acumularon casi 15% en lo que va del año y los desarrolladores redibujaron la oferta: unidades más chicas, pero con espacios compartidos que compensan lo que la billetera ya no alcanza. Una tendencia que, según los especialistas, llegó para quedarse.

GV
Graciela VidelaInterior provincial y campo · · lectura 3 min
El metro cuadrado se escapa y los monoambientes con amenities se convierten en la puerta de entrada al techo propio

El sueño del departamento amplio se aleja un poco más con cada índice que se publica. En la Ciudad de Buenos Aires, el valor promedio del metro cuadrado saltó de 1.376.688 pesos en enero a 1.584.840 pesos en julio, lo que representa un aumento de casi 15% en apenas siete meses, de acuerdo con los datos del Instituto de Estadística y Censos porteño. Las estimaciones del sector privado no traen consuelo: para diciembre se proyecta que ese mismo metro cuadrado podría costar alrededor de 1.874.364 pesos, un número que deja afuera a buena parte de quienes planeaban dejar el alquiler y dar el salto a la propiedad.

La suba no se queda en el mostrador de las inmobiliarias: atraviesa toda la cadena. El costo integral de construir, que incluye materiales, mano de obra, honorarios profesionales y tasas, llegó a 2.286.170 pesos por metro cuadrado en julio, con un alza acumulada de 14,61% en lo que va del año y de 23,37% si se compara con el mismo mes de 2025, según el relevamiento de la Asociación de Pymes de la Construcción de la Provincia de Buenos Aires. En otras palabras, edificar se encareció casi un cuarto en doce meses, y eso se traslada de manera casi automática al precio final que paga quien firma el boleto.

Unidades más chicas, edificios con más servicios

Frente a ese escenario, los desarrolladores reordenaron la oferta. La respuesta que ganó la calle fue achicar las unidades y agrandar lo compartido: gimnasios, terrazas verdes, parrillas, salones de usos múltiples y espacios de coworking pasaron a formar parte del paquete estándar de los edificios nuevos. La lógica, casi aritmética, se explica sola: si el metro cuadrado propio se vuelve inalcanzable, el metro cuadrado compartido funciona como contrapeso.

“Es un ticket que puede alcanzar el que quiere salirse del mundo del alquiler y entrar por primera vez en el mundo de ser propietario.”Juan Manuel Tapiola, CEO de Spazios

Tapiola, además, describió un fenómeno que excede a la Argentina: la caída de la natalidad, el crecimiento de los hogares unipersonales y el aumento de los divorcios reconfiguran la demanda en casi todo el mundo. Tenés cada vez más gente sola o gente únicamente en pareja sin hijos, a la que el monoambiente responde perfecto, completó el empresario, en una lectura que vincula la macroeconomía con las decisiones más íntimas de cada hogar.

En la misma línea, la arquitecta Valeria Damiani, especializada en el segmento, resumió el cambio de paradigma: El aumento del valor del metro cuadrado, las nuevas formas de habitar las ciudades y los cambios en la composición de los hogares impulsaron un mercado en el que las viviendas compactas ganan protagonismo. Para Damiani, la transformación es de fondo: el edificio deja de ser un simple contenedor de unidades y pasa a funcionar como una red de espacios que se reparten entre todos los propietarios.

Qué se entiende hoy por vivienda propia

  • Quien compra un departamento de 40 m² accede, en la práctica, a cientos o miles de metros cuadrados adicionales de uso común.
  • El gimnasio, el SUM y la terraza dejan de ser un extra y se vuelven parte central del valor de la propiedad.
  • Los monoambientes y unidades de uno o dos ambientes lideran la demanda entre los que buscan salir del alquiler.
  • El precio del metro cuadrado compartido funciona como contrapeso frente al alza del metro cuadrado privado.
  • La caída de la natalidad y el crecimiento de los hogares unipersonales consolidan la tendencia en el largo plazo.

El cuadro termina de armarse cuando se mira el impacto concreto en el bolsillo. Un departamento que hace algunos años se buscaba de tres ambientes con balcón, hoy se reemplaza por uno o dos ambientes con amenities, no por una cuestión de moda sino porque la cuenta ya no cierra de otra manera. La decisión, en muchos casos, deja de ser arquitectónica y se vuelve netamente económica: se renuncia a metros propios para asegurarse metros compartidos y, sobre todo, para conseguir el techo propio antes de que los números vuelvan a escaparse.

GV
Graciela VidelaInterior provincial y campo

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