El invierno que no se va: las guardias pediátricas se llenan de nuevo y el VSR se lleva puesto a los más chiquitos
En cinco semanas las atenciones de urgencia por virus respiratorios en chicos pasaron de 561 a 1.612 por semana en la provincia. El Virus Sincicial Respiratorio domina este segundo pico, los bebés menores de un año son los más expuestos y Salud recuerda que existe una vacuna gratuita para embarazadas que protege al recién nacido durante los primeros seis meses.
La esquina de siempre, esa donde doblan las ambulancias cuando el verano empieza a despedirse, otra vez tiene movimiento raro. No es la cuarentena, no es el pico aquel de hace dos inviernos: es algo más silencioso y, sin embargo, igual de pesado. Vuelven los pasillos de las guardias pediátricas a llenarse, vuelven las mamás con el bebé en brazos y la cara larga, vuelven las noches en las que un pecho chiquito suena como si le faltara aire. El segundo pico respiratorio del año ya está entre nosotros, y los números que manejaba el ministerio de Salud provincial hasta principios de septiembre son de esos que uno lee dos veces para asegurarse de que los entendió bien.
En apenas cinco semanas, las consultas pediátricas de guardia por enfermedades respiratorias pasaron de 561 a 1.612 por semana, un salto del 187%. Si uno mira el total de atenciones, sumando adultos y niños, la cifra también se duplicó con creces: de 1.620 a 3.339 en el mismo período. Son números que traducen lo que cualquier padre o madre con chicos en edad escolar ya intuye: la temporada no terminó, lo que terminó fue la tregua.
El VSR, el gran protagonista de esta segunda ola
Lo que hay detrás de este repunte es un nombre que a esta altura ya suena familiar pero que a veces se nombra sin entender bien de qué se habla: el Virus Sincicial Respiratorio, VSR para los médicos y para los partes oficiales. Es un virus extremadamente común, tan común que prácticamente todos los chicos se contagian al menos una vez antes de cumplir los dos años, y se transmite con una facilidad que mete miedo: viaja en las gotitas que largamos al toser o estornudar y también se queda pegado en una manija, en un juguete, en la baranda del colectivo.
En los adultos y en los niños más grandes suele parecer un resfrío de manual: mocos, tos, algo de decaimiento y a seguir. El drama aparece cuando el virus se cruza con un bebé o con un nene muy chiquito, porque ahí lo que empieza como un catarro puede terminar bajando hasta los bronquios y derivando en bronquiolitis, esa inflamación de las vías respiratorias más chicas que les impide respirar como corresponde, o incluso en neumonía. Los menores de un año, y sobre todo los recién nacidos, son los que más riesgo corren de caer en cuadros graves, y lo que se ve en la consulta muchas veces termina en internación.
Una vacuna que todavía muchos no conocen
Acá viene lo que a mí, como vecino y como padre, me parece la parte más importante de toda esta historia. Frente al avance del VSR, el ministerio de Salud viene repitiendo algo que vale la pena anotar: las personas gestantes que estén entre las 32 y las 36 semanas y media de embarazo pueden aplicarse gratis la vacuna contra este virus. La dosis lo que hace es generar anticuerpos que se pasan al bebé antes de que nazca, y esa protección le cubre los primeros seis meses de vida, justo el tramo en el que la bronquiolitis pega más fuerte y los pulmones todavía están terminando de armarse.
Lo cuenta con una mezcla de alivio y cansancio Romina, de Lanús Oeste, mientras espera que la atiendan en una guardia del conurbano con su nena de cuatro meses: 'Yo no tenía idea de que existía esa vacuna hasta que me la ofrecieron en el control del embarazo, y te juro que ahora que la veo a mi hija con mocos pienso en las que no se la dieron y van a terminar internadas. Si te la pueden poner, ponétela, no cuesta nada y te ahorrás un susto que no querés ni imaginar'. Esa es, en el fondo, la mejor definición de lo que está pasando: un virus que la mayoría de las veces parece una pavada, pero que cuando encuentra a un bebé sin defensas se convierte en una carrera contra el reloj.
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