El golpe en las tablas que Manu Fanego heredó de su padre y nunca abandona antes de cada función
A dos años de la muerte de Daniel Fanego, su hijo homenajeó al actor con fotos de familia, recuerdos de infancia y la confesión de un ritual que repite cada noche que sale a escena. Hay un almuerzo con su hermana Camila y una pregunta para los lectores.
Hay una imagen que se repite cada vez que Manu Fanego sale a escena y que muy pocos conocen. Antes de que se levante el telón, el actor se acerca al piso del escenario y golpea las tablas con los nudillos, como quien golpea la puerta de una casa antes de entrar. Es un gesto chico, casi íntimo, que aprendió mirando a su viejo y que hoy, a dos años de su muerte, se transformó en una manera de llevarlo puesto. Así arrancó el homenaje que el protagonista de El marginal le dedicó a Daniel Fanego en sus redes, al cumplirse el segundo aniversario de su fallecimiento, el 19 de septiembre.
El posteo fue tomando la forma de un álbum de familia revisitado con ojos de hijo. Manu fue pasando fotos y recuerdos como quien pasa las hojas de un cuaderno viejo. Apareció una imagen en la que Daniel lo abraza cuando todavía era chico, otra en la que padre e hijo posan juntos frente al mar, una más junto a sus propios hijos y, finalmente, un retrato tomado poco antes de que el actor se fuera. Al cerrar el recorrido, dejó una frase que suena a aprendizaje y a consuelo: Cada día siento más amor y agradecimiento por haberlo tenido como papá.
Elenco de padre e hijo sobre el mismo escenario
De todas las fotos, hay una que a Manu le pesa especialmente en la memoria. En 2012, padre e hijo compartieron elencos en El vuelo del Cóndor, una obra que formó parte del ciclo Teatro por la Identidad. Cada uno se puso en la piel de Pablo Podestá, pero en distintas etapas de su vida. Tiempo después, en un posteo por el Día del Padre, el hijo describió aquella experiencia como algo único, de esas que se guardan para siempre. No era un comentario caprichoso: era la confirmación de que la actuación, en esa familia, además de un oficio, funciona como lengua materna.
El Día de la Bandera y el olor a mastik
Antes de aquella obra juntos, hubo un debut mucho más modesto. Para una actuación escolar por el Día de la Bandera, Daniel Fanego se sentó al lado de su hijo a preparar el personaje. Revisaron el texto, ensayaron la entrada y resolvieron la caracterización con lo que había a mano: talco para parecer más grande y bigotes postizos pegados con mastik, ese adhesivo espeso que se usa en el maquillaje teatral y que, según cuenta Manu, todavía se le aparece en los recuerdos cada vez que alguien menciona la fecha patria. La escena es chica, pero dice mucho de cómo se fue construyendo, día a día, la vocación del muchacho que después llenaría salas y pantallas.
El mensaje en redes terminó con un anuncio simple y al mismo tiempo enorme. Manu contó que iba a almorzar con su hermana Camila para recordarlo. Nada de grandes palabras: una mesa, dos hermanos y la memoria del padre dando vueltas entre los platos. Esa postal hogareña, tan lejos del ruido de los sets y de las luces del escenario, fue el broche de oro de un homenaje atravesado por la actuación pero también, y sobre todo, por lo familiar.
“Cada día siento más amor y agradecimiento por haberlo tenido como papá.”Manu Fanego
Daniel Fanego murió a los 69 años en su casa, rodeado de familiares y amigos, según contó su hijo cuando comunicó la noticia. Su trayectoria incluyó títulos enormes de la televisión, el cine y el teatro argentinos, como El marginal, El reino, Resistiré, Luna de Avellaneda y El Ángel, entre otros. Su partida dejó un hueco enorme en la escena local, pero también una herencia concreta: ese golpe en las tablas que su hijo repite antes de cada función, como un hasta luego y un acá estoy, todo junto.
- El ritual previo a cada función: Manu Fanego golpea las tablas del escenario como saludo a su padre.
- El trabajo compartido en 2012 en El vuelo del Cóndor, dentro del ciclo Teatro por la Identidad, donde padre e hijo interpretaron a Pablo Podestá en distintas etapas de su vida.
- El debut escolar por el Día de la Bandera, con talco para las canas, bigotes postizos y el olor del mastik como paisaje de memoria.
- El almuerzo previsto con su hermana Camila para recordarlo en el segundo aniversario de su muerte.
- La pregunta que dejó abierta a los lectores: qué trabajo de Daniel Fanego recuerdan especialmente.
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