El dólar vuelve a quedar en $1540 y la brecha se reduce a la mínima expresión mientras el campo espera señales
El oficial y el blue coinciden en el precio de venta en una jornada marcada por la estabilidad cambiaria, mientras el riesgo país se sostiene en 579 puntos y las criptomonedas vuelven a ser una opción de resguardo para los productores del interior
La mañana de este viernes amaneció con cielo cubierto y lloviznas intermitentes en gran parte de la región pampeana, un clima que mantiene la humedad en los lotes recién sembrados y que, según me comentaba en mi recorrida por pueblos del sur santafesino, recién empieza a darle un respiro a los productores que vienen lidiando con casi dos meses de lluvias casi incesantes y de anegamientos que ya se cobraron hectáreas enteras de maíz temprano y que dejaron a los caminos rurales en un estado que, como me dijo Juan, un tambero de Christophersen, 'mucho peor no pueden estar, aunque cada vez que abro la tranquera pienso en lo mismo' y eso significa que el campo sigue mirando la novela cambiaria con atención porque en el surco se gana en pesos y las cuentas se cierran en dólares.
En ese marco que me toca cubrir semana a semana desde este rincón del interior provincial, las cotizaciones de este viernes 9 de octubre dejaron una postal que hacía rato no veía en las pizarras de las remates y de las cooperativas: el dólar oficial se vendió a $1540 en el Banco Nación y el dólar blue se vendió también a $1540, según los valores de referencia que difundió el Banco Central desde las 10 de la mañana, con lo cual el oficial quedó en $1490 para la compra y $1540 para la venta en la entidad pública, el blue en $1493,80 para la compra y $1540 para la venta, y la diferencia entre ambos pasó a ser prácticamente la mínima de los últimos meses.
Dólar tarjeta, euro y el peso de los impuestos
Para quienes tienen consumos en el exterior o deben pagar servicios en moneda extranjera, el dólar tarjeta trepó hasta los $2012,40 ya que sobre el precio minorista se aplica una percepción del 30% a cuenta de Ganancias, luego de que se eliminara el impuesto PAIS, lo que en la práctica significa que cada viaje al exterior, cada suscripción a una plataforma digital o cada compra en un sitio extranjero se paga con una moneda que ya casi duplica al oficial y eso es lo que me insisten en cada charla con la familia de Rubén, productor de Bigand: que del surco a la góndola hay un tramo largo y que ese tramo se vuelve particularmente caro cuando el precio del grano está quieto y el precio del dólar tarjeta no.
En el segmento paralelo, el euro se ofreció a $1722,02 para la venta, una referencia útil para quienes tienen previsto cruzar la frontera o que, como varios chacareros de la zona núcleo con los que hablo periódicamente, están mirando la posibilidad de comprar alguna maquinaria usada del lado uruguayo y que aprovechan el tipo de cambio para hacer números, mientras que el riesgo país elaborado por JP Morgan se mantuvo en 579 puntos, uno de los indicadores que sigo de cerca en cada jornada financiera porque cuando ese número baja el crédito aparece, el crédito que todavía sigue sin llegarle a buena parte de la economía real del interior productivo.
También vale la pena marcar que el mercado de las criptomonedas volvió a mostrar actividad, con el Bitcoin cotizando a US$83.300,30 y el Ether en US$2500,80, dos referencias que muchos productores medianos y chicos ya miran como una alternativa de resguardar lo poco que les va quedando de margen bruto en una cosecha que viene golpeada, según me lo hacía notar la semana pasada el propio Juan, el tambero de Christophersen, cuando le pregunté por qué había abierto una cuenta en una plataforma de stablecoins: 'porque el banco me paga esto y el vecino me cobra aquello'. Y la respuesta, dicho con esa crudeza rural que no necesita demasiados adornos, sintetiza lo que se vive en pueblos donde la plata del campo pasa primero por el silo, después por la cooperativa y finalmente por un celular con una aplicación en dólares.
Lo que el Estado todavía no resolvió
Porque, al cierre de esta nota, lo que el Estado todavía no resolvió es lo de siempre: ni la previsibilidad cambiaria que necesitamos para presupuestar la próxima campaña de soja, ni la llegada de los caminos arreglados, ni la infraestructura de los puentes sobre los arroyos que se cortan con cada tormenta y que dejan aisladas a decenas de familias productoras del sur de Santa Fe y del norte de Buenos Aires. La estabilidad del dólar de hoy puede ser una buena noticia para la tapa del diario, pero mientras la brecha se achicha y el riesgo país se muestra calmo, en el interior productivo la pregunta sigue siendo la misma: en cuánto tiempo ese orden macroeconómico que se ve desde Buenos Aires se traduce en algo concreto para quienes están, todavía, esperando la próxima lluvia y el próximo precio.
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