El dólar se mantiene firme en las pizarras y el campo mira de reojo mientras organiza la cosecha fina
El Banco Nación sostiene los 1.535 pesos por séptima rueda consecutiva y el blue se ubica en 1.560, en una jornada donde el mayorista cerró el miércoles con una suba leve que todavía no se trasladó a la venta minorista.
La mañana de este jueves 24 de septiembre arrancó con una brisa tibia sobre los lotes del sur santafesino y una humedad que, según cuentan los productores, viene justo a tiempo para terminar de definir el rinde de la trigo que ya empieza a espigar. Lo que pasa en el cielo y lo que pasa en las pizarras de los bancos suelen caminar de la mano en esta época del año, porque cuando el cereal empieza a pintarse amarillo y la cosecha fina se asoma en el horizonte, cada peso que se mueve en el tipo de cambio pesa como una lluvia a destiempo o una helada tardía. Y lo que arrojan las cotizaciones de hoy es, cuanto menos, un escenario de estabilidad que no termina de conformar a nadie del otro lado del mostrador.
Las pizarras de este jueves
- Banco Nación: el dólar vendedor se mantiene en 1.535 pesos por séptima rueda consecutiva, en lo que constituye su máximo nominal desde que se tiene registro de esta serie.
- Dólar blue: se ofrece a 1.560 pesos para la venta en las cuevas del microcentro porteño, un valor que sigue siendo el más alto entre las referencias relevadas para el público minorista.
- Promedio minorista del Banco Central: la entidad que regula el sistema financiero informa un valor promedio de venta de 1.536,17 pesos y de compra de 1.483,12 pesos, lo que deja una brecha amplia entre puntas.
- Mercado mayorista: el último cierre disponible corresponde al miércoles 23 de septiembre, cuando la divisa terminó en 1.516 pesos tras subir dos unidades, una variación del 0,1 por ciento.
Lo concreto, para el productor que esta semana está terminando de cargar los pulverizadoras y mirando el cielo con la misma atención con que mira el celular, es que comprar un dólar en el Banco Nación sigue costando exactamente lo mismo que el lunes pasado y que la pizarra no se mueve. Eso, en un país donde la estabilidad cambiaria suele durar lo que dura un suspiro, ya es una noticia en sí misma, aunque también es cierto que esa quietud deja la puerta abierta a una pregunta incómoda: hasta dónde aguanta una cotización que parece haber encontrado un techo sin que nadie termine de explicar bien por qué.
“Mientras el blue siga arriba de los 1.550 y el oficial no se mueva, nosotros terminamos vendiendo a un precio y comprando insumos a otro, y la diferencia la seguimos poniendo los mismos de siempre.”Roberto, productor de Bigand
La lectura dinámica de la jornada marca que el cierre mayorista del miércoles, en 1.516 pesos, representa una suba leve respecto de la rueda anterior, pero todavía no se trasladó a las ventanillas. En la mañana de ese día la divisa había llegado a operarse a 1.518, por lo que el cierre quedó dos pesos por debajo del máximo intradiario, una señal de que el mercado mayorista tampoco encontró motivos para romper al alza con fuerza. Esa diferencia entre el mayorista y el minorista, que en criollo se conoce como la brecha entre puntas, es la que finalmente termina definiendo del surco a la góndola, porque es la que determina a qué precio recibe el productor los dólares que le pagan por la exportación y a qué precio termina pagando el gasoil, los fitosanitarios o la semilla de la próxima campaña.
El promedio minorista que difunde el Banco Central, con venta en 1.536,17 pesos, queda apenas por encima de los 1.535 del Nación y bastante por debajo de los 1.560 del blue, lo que muestra que las entidades privadas más chicas suelen ubicarse en un punto intermedio. Para quien está del lado de la oferta agropecuaria, esa diferencia no es un dato menor: es lo que define, en buena medida, si la próxima campaña de trigo deja margen para renovar la camioneta o si termina en una nueva vuelta de crédito en pesos con el acopio de turno. Y acá aparece, una vez más, el tema de fondo que el Estado todavía no resolvió: cómo hacer para que el tipo de cambio refleje de verdad la realidad del productor y no la pulseada de siempre entre el Banco Central, las pesificaciones compulsivas y la Secretaría de Agricultura, que mira más los números de la macro que las necesidades del que está arriba del tractor.
Mientras tanto, la pregunta que queda flotando sobre el cierre de esta nota es la misma de cada jueves: qué cotización toma como referencia cada uno cuando organiza sus gastos, paga los sueldos del personal permanente o decide si guarda unos dólares en el cajón o los deja en la cuenta. La respuesta, claro, depende del bolsillo y de la geografía, pero también de una certeza que el interior repite desde hace años: que en este país, mirar el cielo y mirar el dólar son, desde hace rato, la misma tarea.
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