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SÁB, 17 OCT 2026
Economía

El dólar se aplaca y la inflación vuelve a apretar: la pulseada que mira el campo

El oficial y el blue quedaron separados por apenas cinco pesos al cierre de la semana, mientras en la Ciudad de Buenos Aires el índice de precios repuntó al 1,8% en septiembre y acumuló 23,7% en lo que va del año. Un escenario que, del surco a la góndola, redefine los costos y los márgenes de los productores del interior.

GV
Graciela VidelaInterior provincial y campo · · lectura 5 min
El dólar se aplaca y la inflación vuelve a apretar: la pulseada que mira el campo

La mañana del lunes llegó con una calma que en estas pampas no siempre se disfruta: el cielo se presenta parcialmente nublado sobre el centro y sur de la provincia de Buenos Aires, con viento moderado del sector sur que trae algo de alivio después de varios días de calor impropios de octubre, y los lotes de maíz temprano empiezan a mostrar los primeros síntomas de estrés hídrico en los suelos más someros, una postal que para el productor agropecuario equivale a mirar el termómetro antes de salir a la chacra, porque cada grado de más se traduce en rindes que se achican y en cuentas pendientes que se estiran. En ese marco, los mercados cambiarios amanecieron con una novedad que hace apenas unos meses parecía impensada: el dólar oficial y el dólar blue cerraron la semana con valores prácticamente idénticos, separados por apenas cinco pesos, una convergencia que no ocurría desde antes de la última gran corrida cambiaria y que, como vamos a ver, también interpela la forma en que el productor piensa los insumos, los alquileres y la cosecha.

Una brecha que se evaporó en cinco pesos

Según los registros del último cierre hábil, en el Banco Nación el dólar oficial quedó en 1.485 pesos para la compra y 1.535 pesos para la venta, mientras que en las cuevas del microcentro porteño el blue se negoció a 1.493,80 para la compra y 1.540 para la venta, lo que deja una diferencia de apenas cinco pesos en el precio vendedor, es decir, menos de medio punto porcentual, una magnitud simbólica si se la mide con la regla con que se medía la brecha hace apenas un año, cuando llegó a superar el cien por ciento. Para los analistas del mercado, esa casi nula distancia refleja el efecto de la eliminación de las restricciones cambiarias y la normalización de las operaciones de compraventa de divisas en el sistema financiero, un proceso que, cabe recordarlo, todavía está en pleno tránsito y que muchos productores del interior observan con la misma cautela con que miran un pronóstico de lluvia que puede cambiar de un momento a otro.

  • Dólar oficial (Banco Nación): 1.485 compra y 1.535 venta.
  • Dólar blue: 1.493,80 compra y 1.540 venta, apenas 5 pesos por encima del oficial.
  • Dólar MEP y contado con liquidación: operaron en la misma banda, accesibles desde el home banking.
  • Inflación de septiembre en CABA: 1,8%, con servicios +2% y estacionales +2,3%.
  • Acumulado enero-septiembre en CABA: 23,7%; variación interanual: 32,9%.

Los dólares financieros, al alcance del celular

Otro capítulo que se reconfiguró en las últimas semanas es el de los dólares financieros, el MEP —también conocido como dólar Bolsa— y el contado con liquidación, que desde que los bancos habilitaron su operatoria en el home banking dejaron de ser un trámite reservado a los operadores de la city porteña y pasaron a estar al alcance de cualquier usuario con cuenta en una entidad bancaria, que puede comprarlos desde la sección de compraventa de divisas, indicando el monto en pesos y confirmando la operación a la cotización del día, un cambio que para el productor agropecuario del interior implica, en los hechos, poder hacerse del dólar ahorro o del dólar CCL sin tener que pedirle al primo de la ciudad que le haga el trámite, y que también reconfigura la manera en que se piensa el negocio, sobre todo cuando se trata de pagar un insumo importado, saldar un flete internacional o liquidar un contrato de exportación.

La inflación volvió a apretar el acelerador

En paralelo, el dato que publicó la Dirección de Estadística de la Ciudad de Buenos Aires dejó sabor amargo: la inflación de septiembre fue del 1,8 por ciento, con los servicios subiendo un 2 por ciento y los precios estacionales un 2,3 por ciento, una marca que interrumpió la desaceleración que se había observado en agosto y que pone un signo de pregunta sobre la sostenibilidad del sendero de baja que venía insinuando el índice de precios. En lo que va del año, el costo de vida en la Capital acumula un alza del 23,7 por ciento, con una variación interanual del 32,9 por ciento, guarismos que, del surco a la góndola, se trasladan con un desfase que ya conoce bien cualquier productor que haya ido al supermercado del pueblo y haya comparado el precio del tomate con el que cobró la última tanda: la cadena no perdona, y la foto de la semana, con un dólar calmo y una inflación que vuelve a empujar, no hace más que recordarlo.

La mirada del productor y lo que el Estado no termina de resolver

Desde Lobería, en el sudeste bonaerense, don Enrique —productor ganadero de toda la vida— lo dijo con la franqueza de quien mira los números antes que los discursos: “Mientras el dólar se quede quieto y la inflación no afloje del todo, lo que ganamos con una mano lo perdemos con la otra; el año pasado comprábamos un kilo de novillo a tanto, y ahora lo compramos a cuanto, con la misma plata de antes”. Y esa lectura, que se escucha en las mesas de los pueblos del interior desde Pergamino hasta Río Cuarto, es la que el Estado todavía no termina de resolver: la coexistencia de un tipo de cambio estable con una inflación que no termina de anclarse, una combinación que en el campo se traduce en márgenes que se licúan, alquileres agrícolas que se renegocian al ritmo de la incertidumbre y un costo de vida en los pueblos rurales que, como muestran los propios registros porteños, no se detiene. La pulseada, queda dicho, sigue abierta, y el productor del interior, mientras mira el cielo que este lunes se muestra gris sobre los rastrojos, sabe que la calma cambiaria de hoy puede ser apenas un alto en una conversación que todavía no terminó.

GV
Graciela VidelaInterior provincial y campo

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