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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

El corazón no avisa: cinco ideas que todavía le juegan en contra a miles de personas

Un cardiólogo de la clínica Cleveland repasó los errores de razonamiento más frecuentes sobre las enfermedades cardiovasculares y recordó que la prevención empieza mucho antes de lo que se cree. La conversación con un médico de cabecera sigue siendo la llave para llegar a tiempo.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 3 min
El corazón no avisa: cinco ideas que todavía le juegan en contra a miles de personas

A las ocho de la mañana, en una sala de espera del centro, una señora le contaba a otra que el marido se hizo un chequeo cardíaco porque cumplió los sesenta, y la amiga la miró con cara de sorpresa: mi nuera tiene treinta y dos y el cardiólogo ya le viene siguiendo la presión. La escena, que parece una charla de pasillo, en realidad condensa uno de los problemas más serios que detecta la medicina cardiovascular hoy: todavía se cree que el corazón es un tema de hombres grandes, y nada más lejos. El cardiólogo Luke Laffin, de la clínica Cleveland, se encarga de desarmar cinco de esos razonamientos con la misma paciencia con la que uno revuelve un mate en una plaza de barrio.

Las enfermedades cardiovasculares causaron 19,8 millones de muertes en el mundo durante 2022, según la Organización Mundial de la Salud, lo que equivale al 32 por ciento del total global. La cifra asusta, pero lo que más preocupa a los especialistas es que una parte importante de esos desenlaces podría evitarse con controles a tiempo y con derribar algunos mitos que siguen circulando como si fueran verdades de toda la vida.

Mujeres, jóvenes y familiares: a quiénes se les suele errar el diagnóstico

“El corazón no discrimina por sexo.”Luke Laffin, cardiólogo de Cleveland Clinic
  • El primer mito es creer que el corazón es cosa de hombres. Las mujeres tienen factores propios como la menopausia, el uso de anticonceptivos orales y complicaciones durante el embarazo, y suelen postergar sus controles frente a las responsabilidades cotidianas.
  • El segundo error es pensar que los problemas cardíacos aparecen recién después de los cincuenta. Las alteraciones en arterias y vasos sanguíneos pueden empezar a los veinte, treinta o cuarenta años, muchas veces sin síntomas, sobre todo en personas con predisposición genética al colesterol alto o a la hipertensión.
  • El tercero es suponer que los antecedentes familiares vuelven inevitable la enfermedad. Aumentan el riesgo, pero no lo determinan: la alimentación saludable, al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, dejar de fumar y moderar el alcohol bajan esa probabilidad, y cuando los cambios no alcanzan existen medicamentos seguros.
  • El cuarto mito es sentirse bien y concluir que el corazón está bien. La enfermedad coronaria avanza de forma lenta y silenciosa; la hipertensión y el colesterol elevado generalmente no dan síntomas, y en algunos casos el primer aviso es un infarto o un accidente cerebrovascular.
  • El quinto razonamiento equivocado es asumir que el deterioro cardiovascular es un camino sin retorno: con dieta, movimiento, controles periódicos y, si hace falta, medicación, se puede enlentecer y mantener calidad de vida.

Acá, en la Argentina de cada día, la recomendación se vuelve concreta: pedirle al médico de cabecera un análisis de sangre y un control de presión al menos una vez por año, hablarle de los antecedentes familiares con nombre y apellido, y no esperar a tener algo en el pecho para ocuparse. Marcela, vecina de Villa Devoto que concurre al centro de salud del barrio cada seis meses, me lo decía mientras esperaba el turno: a mí me descubrieron la hipertensión en un chequeo de rutina, yo venía perfecta, y el médico me dijo que si esperaba al dolor ya íbamos tarde. Esa frase, casi de manual, es la que repiten los especialistas y la que más cuesta instalar en la vida cotidiana.

Laffin es claro cuando señala que la prevención empieza mucho antes de los cincuenta y que no distingue entre varones y mujeres, y lo que queda flotando en el aire de la consulta, después de escucharlo, es una idea muy sencilla: el corazón no espera a que le prestemos atención, y cuando lo hace, a veces ya es tarde. Como me dijo una médica de familia de San Telmo mientras cerraba su jornada: acá no se trata de vivir con miedo, sino de tomarse en serio lo que se puede controlar. Esa es, en definitiva, la diferencia entre llegar a tiempo o llegar tarde.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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