El blue aflojó cinco pesos y volvió a perfilarse por debajo del oficial: la pizarra del viernes dejó aire a los que más miran el tipo de cambio
La brecha entre el dólar informal y el mayorista se redujo otra vez y el mercado anticipa un cierre de año casi sin sobresaltos, aunque en el interior productivo la calma cambiaria todavía no se traduce en tranquilidad real para el que siembra o alimenta el campo.
La mañana del viernes amaneció con esa llovizna finita que no termina de mojar pero que tampoco deja salir al sol, y en las mesas de los cafés del centro la conversación de los primeros turnos ya no pasó por la política sino por el número de siempre: cuánto cerró el blue. La respuesta llegó temprano y trajo algo de alivio para los que viven contando billetes verdes cada cinco minutos: el dólar informal retrocedió cinco pesos respecto del jueves y se volvió a ubicar por debajo del tipo de cambio oficial, un movimiento pequeño en términos absolutos pero significativo en términos simbólicos, porque en el interior del país cada peso de brecha es un peso que se descuenta automáticamente del precio que termina pagando el consumidor en la góndola o que deja de recibir el productor en el silobolsa.
La pizarra del cierre y los números finos
El blue quedó en 1.540 pesos para la venta y, con esa baja, completó una semana en la que acumuló un retroceso de 15 pesos, equivalente a poco más del uno por ciento, después de haber subido 13 pesos la semana anterior. Lo que parece un zigzag menor para el observador porteño es, mirándolo desde un almacén de pueblos chicos, un sube y baja que no permite armar presupuesto: el almacenero que el lunes le puso precio a la harina y el viernes tuvo que reetiquetar terminó haciéndose cargo, una vez más, de una diferencia que no generó.
“En la semana que acaba de finalizar el tipo de cambio mayorista bajó 4 pesos, el 0,3%, contra una suba de 13 pesos registrada en la semana anterior.”Gustavo Quintana, operador de PR Corredores de Cambio
- El dólar minorista en el Banco Nación se mantuvo en 1.530 pesos para la venta y promedió 1.528,60 en la mayoría de las entidades financieras, con un acumulado en el año de 50 pesos, el 3,4%.
- El mayorista cerró también sin cambios en 1.508 pesos, en una rueda con volumen muy alto: se operaron USD 736,3 millones en el segmento de contado.
- El Banco Central compró USD 23 millones en el mercado, el 3,1% de la oferta spot, y acumula USD 58 millones en lo que va de septiembre.
- Las reservas internacionales brutas se ubicaron en USD 50.756 millones, con una baja diaria de USD 44 millones explicada por la caída del oro, que cotizó a USD 4.482,50 la onza.
- El techo del régimen de bandas cambiarias quedó fijado en 1.885,14 pesos, unos 377 pesos por encima del oficial actual, una distancia del 25%.
Cuando se mira la foto completa, lo que aparece es una estabilidad relativa del tipo de cambio oficial en un año electoral, con un piso y un techo definidos por la propia autoridad monetaria, y con un mercado que -según las encuestas que relevan los propios analistas financieros- ya descuenta un cierre de 2026 con el mayorista apenas por encima de los 1.600 pesos. Para el inversor de la city eso significa que el carry seguirá dando y que no hay razones para correr; para el productor del surco, en cambio, la pregunta de todos los meses sigue siendo la misma: a qué precio vende el trigo, a qué precio compra el gasoil, y cuánto de esa diferencia se lo come la brecha, los impuestos y la logística.
Lo que falta resolver y lo que todavía no se avizora
Héctor, productor de Tandil que hace tres campañas seguidas viene haciendo números con la calculadora en la cocina de su casa, me decía esta semana con la bronca de siempre que del surco a la góndola sigue habiendo una distancia inexplicable, y que mientras el dólar oficial se mantenga calmo la presión sobre los precios de los alimentos no se afloja, porque el campo no le vende a un tipo de cambio sino a cinco distintos según el comprador, el día y la región. Mientras tanto, el Estado todavía no resolvió lo que el campo viene pidiendo desde hace años: una ley de semillas que ordene el mercado, una rebaja real de las retenciones para los pequeños y medianos productores y un esquema logístico que abarate el flete desde el interior hacia los puertos. El blue puede bajar o subir cinco pesos en una semana y la noticia se lee en una mañana de café; el problema de fondo, en cambio, se mide en cosechas enteras, y ahí, por ahora, no hay pizarra que indique una baja.
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