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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

El acoso escolar ya no termina en la escuela: pediatras argentinos alertan que los celulares borraron la frontera entre el aula y la casa

Un documento de la Sociedad Argentina de Pediatría advierte que las burlas, los mensajes de odio y la manipulación de imágenes se mudaron a las pantallas y dejaron a los chicos sin un lugar donde poder cortar. Familias, escuelas y equipos de salud, en alerta.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 5 min
El acoso escolar ya no termina en la escuela: pediatras argentinos alertan que los celulares borraron la frontera entre el aula y la casa

Acá, en Buenos Aires, la rutina de cualquier chico de primaria o secundaria empieza con el sonido del despertador y la mochila lista para la escuela. Pero hace rato que esa jornada no termina cuando suena el timbre del último recreo: sigue en el grupo de WhatsApp del grado, en una historia de Instagram subida a la noche, en un chat de un videojuego en línea donde alguien lo espera para hacerlo quedar mal delante de los demás. La Sociedad Argentina de Pediatría acaba de poner el tema sobre la mesa con un documento que lleva la firma de ocho de sus comités y subcomisiones, y lo que describe es algo que muchas familias ya intuyen pero todavía no terminan de dimensionar: el bullying y el ciberbullying se volvieron una misma cosa, y el celular es el puente por el que la agresión se mete hasta el cuarto del chico.

Antes, la lógica era más o menos conocida. El acoso ocurría en el patio, en el pasillo, en la salida. Y la casa, con sus paredes y su cena familiar, funcionaba como una especie de pausa, de resguardo. Eso, dice la SAP, se acabó. Lo que empieza en el aula puede continuar por WhatsApp, escalar en redes sociales durante la noche y volver al aula a la mañana siguiente, sin solución de continuidad.

Qué dice el documento y por qué preocupa

La pediatra Silvina Pedrouzo, presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la entidad, fue una de las voces que sintetizó el cambio cultural que atraviesa a los chicos. "Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño", señaló.

  • Mensajes de odio y burlas enviadas por chat o redes sociales.
  • Acoso y acecho virtual, con seguimientos insistentes fuera del horario escolar.
  • Votaciones y encuestas para humillar a un compañero.
  • Perfiles falsos y suplantación de identidad.
  • Difusión no consentida de información privada, fotos o videos.
  • Exclusión deliberada de grupos y listas.
  • Manipulación de imágenes y creación de memes.
  • Edición de contenidos con herramientas de inteligencia artificial, que pueden viralizarse y borrarse con dificultad.

Cuando una pelea de chicos deja de ser "una pelea de chicos"

El documento de la SAP es taxativo en un punto que muchas veces se pierde en la conversación de los adultos: no todo conflicto entre compañeros es bullying. Para que se trate de acoso escolar tienen que darse tres condiciones al mismo tiempo: que haya intención clara de causar daño, que la conducta se repita en el tiempo de manera sistemática, y que exista un desequilibrio de poder que deje a la víctima sin herramientas reales para defenderse o para ponerle un freno. El acoso puede ser físico, verbal o relacional, y los especialistas remarcan que el fenómeno siempre es grupal: están los que hostigan, los que miran, los adultos responsables, las familias y la institución donde ocurre.

Las consecuencias que enumera el texto van mucho más allá de una mala tarde. Cefaleas y dolores físicos recurrentes, alteraciones del sueño, caída en el rendimiento escolar, aislamiento progresivo, ansiedad, depresión y, en los casos más graves, conductas autolesivas o ideación suicida. La pediatría viene observando estas señales en los consultorios de todo el país, y por eso la entidad decidió salir a hablar en un tono que no admite demasiadas ambigüedades.

Qué les pasa a los chicos en la Argentina de hoy

En los barrios del conurbano y en las escuelas del centro porteño la escena se repite, según cuentan los propios profesionales. Una nena de diez años, alumna de quinto grado en una escuela pública de Morón, llegó a la consulta con la madre porque no quería ir más a la escuela. El cuadro venía de meses. En el aula la insultaban por su apellido, le decían que era "rara" y la dejaban afuera de los juegos en el recreo. Cuando la madre creía que el día terminaba, aparecían audios en el grupo familiar y memes en un chat paralelo. "Me escribían que era una inútil, que me tenía que ir del colegio. Y al otro día tenía que entrar a la misma aula y hacer como si nada", les dijo la chica a la pediatra. La madre, Carla, vecina de Haedo, resumió lo que sintió cuando entendió lo que estaba pasando: "Yo pensé que era una exageración de nena, que la tenían que hacer respetar sola. Cuando me mostraram os mensajes me cayó la ficha de que a mi hija la estaban acosando de verdad, en serio, todo el día, y que yo no me había dado cuenta".

“El bullying es un fenómeno grupal y por eso la solución tampoco puede descansar exclusivamente en ellos. Están los compañeros que observan, los adultos responsables, las familias y la institución en la que ocurre. Lo que nunca debemos hacer es pedirle al chico que está siendo hostigado que resuelva solo el problema.”Sociedad Argentina de Pediatría

El llamado de la SAP apunta a tres frentes bien concretos: las familias, a las que les recomienda acompañar sin invadir, observar cambios de humor o de hábitos y no minimizar lo que el chico cuenta; las escuelas, a las que les pide protocolos claros, equipos de orientación que intervengan y docentes capacitados para detectar y actuar; y los equipos de salud, a los que les recuerda que el consultorio es muchas veces el único lugar donde el chico puede nombrar lo que le pasa. El mensaje final de los pediatras es que cortar la cadena del acoso exige a los adultos volver a hacerse cargo de lo que, hasta hace poco, parecía ser un problema entre chicos.

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Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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