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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Cuando una llaga en la boca deja de ser un trámite menor y conviene ir al consultorio

Aparecen, duelen, se van. Casi siempre en una semana o dos. Pero hay señales que indican que llegó la hora de pedir turno con un profesional, sobre todo si se repiten o tardan en cicatrizar.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 4 min
Cuando una llaga en la boca deja de ser un trámite menor y conviene ir al consultorio

A veces uno se levanta a la mañana, se lava los dientes y nota esa molestia familiar en el borde de la lengua o en la cara interna del labio: una llaga chica, redonda, blanquecina en el centro y rojiza alrededor. La mayoría de las personas la tuvo alguna vez y la dejó pasar, porque en general se resuelve sola en una semana o dos. Sin tratamiento, sin drama. El Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos lo confirma: el cuadro suele ser leve y autolimitado, y los geles de venta libre o los enjuagues antisépticos alcanzan para calmar el dolor mientras el tejido se recupera.

Acá en el barrio, cualquier vecina te lo dice: no es contagioso, no se pasa con un beso ni compartiendo un vaso. Las aftas, que es como las llaman los odontólogos, son úlceras que aparecen dentro de la boca —mejillas, lengua, labios internos— y no tienen origen infeccioso. Calculá que cerca de una cuarta parte de la población las sufre alguna vez en la vida, según los registros que manejan los servicios de salud bucal.

Por qué aparecen y qué las empeora

La causa exacta no siempre se sabe, pero la Mayo Clinic enumera los desencadenantes más frecuentes: mordeduras accidentales al masticar, un cepillado demasiado enérgico, el roce de un aparato de ortodoncia o de una prótesis mal ajustada, e incluso un diente con un borde filoso que raspa la encía. A eso se suman los alimentos ácidos, picantes o muy salados, que irritan la zona y estiran el malestar. Lo concreto es que, si uno identifica el factor y lo corrige —por ejemplo, ajusta el aparato o suaviza el cepillado—, baja mucho la chance de que la llaga vuelva.

  • Mordeduras accidentales al comer.
  • Cepillado dental muy agresivo.
  • Roce de brackets o prótesis mal puestas.
  • Bordes filosos en alguna pieza dental.
  • Alimentos ácidos, picantes o muy salados.

Las señales que dicen "hay que ir al consultorio"

Ahora bien, hay momentos en los que la cosa deja de ser un trámite y empieza a pedir consulta. La misma Mayo Clinic marca cuatro situaciones clave: cuando la llaga supera las dos semanas sin cicatrizar, cuando reaparece de forma repetida, cuando es inusualmente grande o cuando aparece una nueva antes de que la anterior se haya cerrado. A esa lista se suman otras pistas que conviene no desatender: dolor que no se calma con nada, dificultad para comer o beber, o fiebre que acompaña a la lesión.

En los casos de aftas que se repiten con frecuencia, la evaluación profesional puede incluir análisis de laboratorio para descartar niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12, nutrientes que aparecen asociados a estos cuadros en la bibliografía médica. Pero atención: eso no quiere decir que cualquier persona con llagas recurrentes tenga una carencia ni que deba lanzarse a tomar suplementos por cuenta propia. El profesional decide, según la historia clínica y los síntomas, si corresponde o no hacer estudios.

Descartar otras causas antes de quedarse tranquilo

Una revisión publicada en el repositorio científico PMC advierte que, antes de dar por hecho que se trata de aftas recurrentes, hace falta descartar otras causas posibles. Por eso, en los episodios frecuentes, la evaluación suele mirar el cuadro completo: síntomas dentro de la boca y también por fuera, porque hay lesiones que se parecen a las aftas comunes pero requieren otro abordaje. Lo que queda claro es que una llaga ocasional, puntual, no tiene por qué alarmar a nadie; la consulta cobra peso cuando el patrón cambia o cuando la lesión no responde a los tiempos habituales de cicatrización.

Antes de cerrar, una reflexión que vale para llevarse a casa: el cuerpo suele dar avisos pequeños, y una llaga en la boca no es la excepción. Estar atentos a cuánto tarda en irse, si vuelve o si viene acompañada de otras molestias es la manera más simple de cuidarse sin volverse obsesivos. Como me decía hace unos días Marta, vecina del barrio de Belgrano, mientras esperaba su turno en el consultorio odontológico de la esquina: "A veces uno se acostumbra a convivir con las molestias, pero cuando algo se repite hay que sentarse y prestarle atención, aunque sea chiquito". Tiene razón: prestar atención, sin exagerar, suele ser el primer paso para resolverlo a tiempo.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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