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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Cuando un abuelo se pierde de golpe: la señal que no hay que dejar pasar

Un cambio brusco en la atención, la conducta o la orientación puede ser un episodio de delirio, distinto de la demencia, que suele tener una causa tratable si se actúa rápido. La farmacéutica de cuidados intensivos Heather Torbic, de Cleveland Clinic, explica cómo reconocerlo y por qué la consulta médica no puede esperar.

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Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 4 min
Cuando un abuelo se pierde de golpe: la señal que no hay que dejar pasar

Acá, en cualquier barrio de Buenos Aires, uno se acostumbra a ver al abuelo del tercer piso ir a buscar el pan como siempre, charlar en la vereda con el kiosquero y dar los buenos días a quien sea. Por eso, cuando de golpe esa persona empieza a mirar todo como si estuviera en un lugar ajeno, deja una frase a mitad de camino o pregunta dónde está aunque esté sentada en su propia casa, algo se mueve en el aire. No es un mal día ni un capricho: puede ser una señal de que el cuerpo está pidiendo ayuda a los gritos, y la familia necesita reaccionar rápido.

Lo aclaro de entrada, porque en la mesa de los domingos todavía se escucha esa frase peligrosa: "ya está grande, qué le vas a hacer". Esa naturalización es justo lo que advierte Heather Torbic, farmacéutica de cuidados intensivos de Cleveland Clinic. En diálogo con este portal, explicó que un cuadro de esos puede estar hablando de un problema orgánico concreto, muchas veces tratable, y que confundirlo con "la demencia avanzando" puede hacer que se pierda tiempo precioso.

La diferencia que cambia todo: de golpe o de a poco

Carlos, del barrio de Caballito, me contaba el otro día que a su madre, de 82 años, le diagnosticaron Alzheimer hace tres. "Un día se olvidó la fecha del turno del cardiólogo, al otro se perdió yendo a la farmacia de siempre, al siguiente ya no sabía qué día era. Pero fue de a poco, despacio, y uno lo fue acompañando". Esa progresión lenta, que se mide en meses y hasta en años, es la marca típica de la demencia: una pérdida gradual que va mellando la autonomía hasta tornar dependientes las actividades más cotidianas.

El delirio, en cambio, aparece como un portazo. Torbic lo resume con una idea que sirve para cualquier cuidador: hay que prestar atención al tiempo en que se instaló el cuadro. Si la confusión se instaló en horas o en uno o dos días, no es lo mismo que si fue progresando a lo largo de meses. La velocidad es la primera pista para diferenciar una cosa de la otra y para decidir si se llama al médico de cabecera o se va directo a una guardia.

  • Tiempo de aparición: en el delirio el cambio se produce en horas o uno o dos días; en la demencia, la pérdida de capacidades se extiende durante meses o años.
  • Variaciones en el día: en el delirio un período de lucidez puede dar paso a otro de confusión dentro de la misma jornada; en la demencia la atención suele ser más estable en las primeras etapas.
  • Dificultad para concentrarse: cuesta seguir una conversación o entender lo que pasa alrededor, más allá de los olvidos propios del deterioro.
  • Cambios de conducta: mayor retraimiento o agresividad respecto del comportamiento habitual, que pueden pasar inadvertidos si se atribuyen a la edad o al carácter.

Una urgencia que se repite en las internaciones

Marta, que cuida a su padre en Lanús y lo visita cada tarde en el hospital desde hace dos semanas, lo vive en carne propia. "A veces lo veo lúcido, me cuenta del partido del domingo, y a la hora siguiente me mira y no sabe quién soy. Yo pensaba que era la demencia que se había acelerado, pero una enfermera me dijo que podía ser otra cosa". Lo que le describen los equipos de salud es justamente el escenario donde el delirio aparece con más frecuencia: las internaciones, y en particular las áreas de cuidados intensivos, sobre todo cuando la estadía se estira.

Lo que busca el equipo médico cuando aparece un cuadro así es el desencadenante: una infección, un desequilibrio, un efecto de medicamentos, un dolor mal controlado. Torbic insiste en que corregir esa causa permite, en muchos casos, revertir la confusión. No siempre, pero sí con una frecuencia que justifica tomarse el episodio como lo que es: una urgencia, y no un destino.

“El delirio puede advertir sobre un problema en el organismo que necesita tratamiento. Interpretarlo como una manifestación de demencia puede demorar la evaluación y dejar sin atender la causa que lo desencadenó.”Heather Torbic, farmacéutica de cuidados intensivos de Cleveland Clinic

La aclaración no es menor. La demencia, por sí sola, no suele ser una emergencia médica. Sí lo es una alteración abrupta respecto del estado habitual, sobre todo en alguien que ya tiene un diagnóstico previo, porque quienes viven con demencia son más vulnerables al delirio durante una enfermedad o una internación. Reconocer ese salto, esa diferencia entre cómo estaba ayer y cómo está hoy, es la herramienta más concreta que tiene una familia para orientar la atención y no quedarse esperando que "se le pase".

Me despido con una frase que me quedó dando vueltas y que le escuché a un vecino de Parque Chas mientras hablaba con su hija por teléfono, en la vereda, con el termo y el mate: "Si tu viejo un día amanece perdido, no esperes a mañana, llevalo". Reducida, de almacén, pero dice exactamente lo mismo que dice Torbic: que cuando la desorientación aparece de golpe, la consulta médica inmediata es la única respuesta razonable. Y que, en muchos casos, actuar a tiempo es la diferencia entre un episodio reversible y un deterioro que se pudo haber evitado.

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Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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