Cuando llenar la olla cuesta más que ganarse el jornal: la pobreza trepó al 32,3% y los alimentos se escaparon por encima de la inflación
El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA difundió que unos 15 millones de argentinos cayeron por debajo de la línea de pobreza, mientras la Canasta Básica Alimentaria avanzó 21,6% en lo que va del año y superó con holgura el 16,8% de inflación general.
Amaneció con un cielo gris que no termina de largar agua y un viento sur que se lleva el calor de los corrales. Para los productores del sur de Santa Fe, este tiempo húmedo y fresco es una pausa esperada después de la seca que castigó la gruesa, pero el alivio del campo no alcanza para explicar lo que pasa del surco a la góndola, y mucho menos lo que ocurre en las mesas de los argentinos. La fotografía que acaba de difundir el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina es, en buena medida, la contracara de ese mismo proceso: los precios de los alimentos se dispararon más rápido que los ingresos de las familias, y el resultado fue que la pobreza llegó al 32,3% de la población, unos 15 millones de personas, con alrededor de 1,9 millones de nuevos pobres respecto del segundo semestre de 2025.
Los números, de todos modos, no se entienden si no se pone el acento en lo que pasó con las canastas básicas, que son el termómetro con el que se define quién está dentro y quién quedó afuera. Según el mismo informe de la UCA, la Canasta Básica Alimentaria aumentó 21,6% en el primer semestre de 2026 y la Canasta Básica Total, que incluye además de la comida otros gastos esenciales como vestimenta, transporte o salud, subió 19,8%; ambas variaciones superaron la inflación general del período, que se ubicó en 16,8%. Esa diferencia es la que explica, en pocas palabras, por qué tantos hogares que antes zafaban ahora no llegan: lo que ganaban les alcanzaba para lo justo, y cuando todo se encareció más rápido que sus sueldos, el desbalance se volvió estructural.
El faltante que duele en la cocina
La presión, además, no vino sola ni llegó únicamente desde la verdulería. El observatorio advirtió que los alquileres, las tarifas de servicios públicos y los gastos regulados, esos pagos que son difíciles de reemplazar o postergar, también crecieron más que buena parte de los ingresos familiares, lo que dejó menos dinero disponible para comprar alimentos y para atender el resto de las necesidades básicas. La consultora LCG fue un paso más allá y midó la brecha con un dato que deja frío a cualquiera: en los hogares pobres, los ingresos cubrieron en promedio apenas el 64,1% de la Canasta Básica Total, lo que equivale a un faltante cercano a los 569.100 pesos mensuales por familia, expresados a precios de agosto.
- Pobreza: 32,3% de la población, alrededor de 15 millones de personas, con 1,9 millones más que en el segundo semestre de 2025.
- Indigencia: 7,5%, cerca de 3,5 millones de personas, con unas 538.000 más que en el período previo.
- Canasta Básica Alimentaria: +21,6% en el primer semestre de 2026, por encima de la inflación general.
- Canasta Básica Total: +19,8% en el mismo período, también por encima del 16,8% de inflación.
- Brecha de ingresos en hogares pobres: cubrieron solo el 64,1% de la Canasta Básica Total; faltante estimado en 569.100 pesos por hogar, a precios de agosto.
- Empleo: cayeron los puestos registrados y crecieron las ocupaciones informales y precarias, con una nueva caída del poder adquisitivo de los salarios formales.
“Cuando la comida y los servicios suben más que lo que entra en el bolsillo, la pobreza no es un fenómeno social distante, es lo que pasa en la cocina de cada casa, donde hay que elegir qué se compra y qué se deja afuera de la lista.”Lectura del informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA
El trabajo, claro está, no quedó al margen de este deterioro. La UCA señaló que en el último período disminuyeron los puestos registrados y, en paralelo, aumentaron las ocupaciones informales y precarias, mientras que los salarios formales sufrieron una nueva caída del poder adquisitivo, lo que completó un combo difícil de remontar para los hogares. La consultora Equilibra cuantificó parte de ese retroceso al estimar que el ingreso real registrado cayó 0,6% mensual en julio y 3,1% en la comparación interanual contra el mismo mes de 2025, para lo cual utilizó una canasta actualizada con la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/18.
Hacia adelante, las proyecciones de los especialistas consultados por el propio informe marcan un escenario de relativa estabilidad antes que de una mejora sostenida. Santiago Poy, investigador del Centro de Investigación y Acción Social, anticipó que la pobreza podría mantenerse en niveles similares hacia fines de 2026 si no hay cambios de fondo en la dinámica de la inflación y de la actividad, mientras que Daniel Schteingart, investigador de Fundar, coincidió en proyectar estabilidad frente a un cuadro de ingresos reales estancados, aunque advirtió que cualquier movimiento, para bien o para mal, se va a notar rápido en los sectores más golpeados.
Esta misma semana, en una recorrida por el departamento Belgrano, en el sur santafesino, el productor Carlos Moreyra, de la localidad de Las Rosas, me decía con una mezcla de cansancio y resignación que el trigo viene bien gracias a las últimas lluvias, pero que el precio que recibe por el grano ya ni siquiera le permite cubrir los costos de la cosecha. Esa conversación del campo con la ciudad, la del productor que mira el cielo y la del ama de casa que mira la lista del super, termina de explicar el número del 32,3%: del surco a la góndola hubo inflación, hubo ganancia de unos pocos y hubo ajuste para muchos, y lo que el Estado todavía no resolvió es cómo hacer que los ingresos familiares le empaten, de una vez por todas, al costo real de vivir.
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