Cuando la falta de aire no es "cosa de la edad": la fibrosis pulmonar puede pasar dos años sin diagnóstico en Argentina
Un neumonólogo y una reumatóloga de hospitales públicos explican por qué la demora es tan frecuente, qué señales hay que mirar y por qué algunas enfermedades autoinmunes avanzan sobre los pulmones sin que el paciente lo note.
La advertencia empieza en el consultorio y termina en la calle, en la vereda de cualquier barrio porteño, donde un vecino de sesenta y tantos años levanta las bolsas del supermercado y se queda sin aire, y atribuye la falta de aire a los años. Eso, acá, en cualquier esquina de Flores o de Belgrano, es moneda corriente, y por eso mismo la advertencia de los especialistas duele más de lo que parece: esa disnea que se normaliza puede ser la primera señal de una fibrosis pulmonar que viene caminando hace tiempo sin que nadie la nombre.
Juan Ignacio Enghelmayer, neumonólogo del Hospital de Clínicas especializado en enfermedades pulmonares intersticiales, lo dice sin rodeos: la pérdida de capacidad para hacer esfuerzos no debe adjudicarse automáticamente al envejecimiento. Las enfermedades intersticiales, entre ellas la fibrosis pulmonar idiopática, son más frecuentes después de los sesenta años, pero esa frecuencia estadística no convierte en normal lo que es patológico.
Qué es la fibrosis pulmonar y por qué cuesta detectarla
La fibrosis produce cicatrices permanentes en el tejido pulmonar, y esas cicatrices van endureciendo el pulmón y dificultando el paso del oxígeno a la sangre, algo que con el tiempo se traduce en una fatiga que no estaba y en una tos seca que no se va. Puede estar vinculada con enfermedades autoinmunes, con partículas inhaladas en ciertos ambientes laborales o con la exposición a determinados medicamentos, y cuando los estudios no encuentran una causa clara se la llama idiopática, una palabra técnica que en la práctica significa que los médicos todavía no pudieron identificar el origen del problema.
Lo que vuelve a esta enfermedad especialmente traicionera es que su detección temprana no depende solo de lo que el paciente siente: depende mucho de lo que el médico escucha. Enghelmayer lo explica con una imagen que los residentes de neumonología repiten de guardia en guardia: en la auscultación, cuando se apoya el estetoscopio en la espalda del paciente, el aire entrando y saliendo por un pulmón fibrosado produce un sonido particular, seco y fino, parecido al crujido del velcro cuando uno se abre la campera, y ese hallazgo, que parece menor, muchas veces es el primer dato que orienta la sospecha.
Después llega la tomografía de alta resolución, que es la herramienta clave para ver qué le está pasando al tejido pulmonar, y antes el profesional repasa los antecedentes del paciente, las exposiciones laborales y los resultados de estudios respiratorios previos, para armar un rompecabezas que casi nunca tiene una sola pieza.
Las autoinmunes que avanzan sobre los pulmones en silencio
Acá aparece una segunda capa del problema, la que más preocupa a los reumatólogos, y la cuenta Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía: hay personas con enfermedades autoinmunes que tienen compromiso pulmonar sin tener síntomas respiratorios, y eso significa que la fibrosis puede estar avanzando mientras el paciente cree que está bien. Por eso, dice Montoya, los pacientes con esclerosis sistémica deben ser evaluados desde el momento del diagnóstico, sin esperar a quejarse de tos o de falta de aire, y en el caso de la artritis reumatoidea la búsqueda se concentra en quienes tienen factores de riesgo, porque no tiene sentido andar buscando lo mismo en todos por igual.
- Esclerosis sistémica: evaluación pulmonar desde el diagnóstico, incluso sin síntomas.
- Artritis reumatoidea: controles orientados a pacientes con factores de riesgo.
- Otras autoinmunes: la indicación se define según cada caso particular.
Los números que maneja Montoya, surgidos de una cohorte argentina en la que participó, son de esos que a uno lo dejan pensando un rato largo: el 35 por ciento de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial asociada a autoinmunidad no presentaba síntomas respiratorios al momento del estudio, y dentro de ese grupo, el 40 por ciento tenía una afectación extensa en la tomografía. Es decir, casi cuatro de cada diez personas con enfermedad silenciosa ya tenían un daño pulmonar considerable, lo que refuerza la idea de que los controles no pueden quedar atados a lo que el cuerpo avisa.
Cuándo hay que consultar y cuándo hay que ir de urgencia
Los especialistas marcan una diferencia que en la consulta cotidiana se vuelve difusa pero que en la práctica es enorme: la disnea que aparece de golpe, en pocos días, o que se presenta con esfuerzos mínimos como vestirse o cruzar una habitación, requiere una consulta urgente, mientras que la falta de aire progresiva, esa que va sumando de a poco hasta que un día uno se da cuenta de que subir dos tramos de escalera ya no es lo que era, también amerita una evaluación médica, aunque la urgencia sea menor. La tos seca persistente, por su parte, es una de las banderas rojas más mencionadas, sobre todo cuando se sostiene en el tiempo sin una causa clara que la explique.
Nada de esto significa, aclaran los profesionales, que cada tos seca o cada agitación al subir al colectivo sea fibrosis pulmonar, porque esas manifestaciones pueden tener múltiples causas, desde una rinitis mal controlada hasta una insuficiencia cardíaca, y justamente por eso es importante no automedicarse y no normalizar lo que el cuerpo está tratando de decir. El punto, en el fondo, es que cuando la señal aparece hay que ir al médico y no esperar a que el cuadro se defina solo, porque en las enfermedades intersticiales el tiempo corre en contra del tejido pulmonar.
“La pérdida de capacidad para hacer esfuerzos no debe atribuirse automáticamente al envejecimiento.”Juan Ignacio Enghelmayer, neumonólogo del Hospital de Clínicas
En la vereda de siempre, después de la consulta, uno termina entendiendo que la advertencia de los especialistas no es un llamado de alarma genérico sino una invitación bastante concreta a mirar el propio cuerpo con un poco más de atención, y sobre todo a no dejar pasar esos dos años de demora diagnóstica que mencionan las guías internacionales, porque en ese tramo se juega buena parte de lo que se puede hacer después. Acá, a la vuelta de cualquier manzana, siempre hay un vecino que tose desde hace meses y le resta importancia, y la invitación de los profesionales es a no ser ese vecino, y a pedir una evaluación a tiempo.
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