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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Cuando el agua alcanza y cuando no: qué tomar según el momento del cuerpo

La hidratación de todos los días se cubre con el agua de la canilla y la comida de siempre. Pero hay situaciones puntuales en las que conviene cambiar la estrategia, y los especialistas piden no caer en la tentación de reemplazar lo que recetan los médicos con lo que ofrece la góndola del súper.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 3 min
Cuando el agua alcanza y cuando no: qué tomar según el momento del cuerpo

Acá, en la esquina de siempre, con el viento entrando por la ventana y la pava sonando a lo lejos, uno se sienta a escribir sobre algo tan cotidiano como abrir la canilla y servirse un vaso: la hidratación. Y la primera confesión honesta es que, para la enorme mayoría de los adultos que viven su jornada sin contratiempos, el agua de la red, sumada a las comidas de siempre, alcanza y sobra para cubrir lo que el cuerpo pide. No hace falta sumar polvos mágicos, bebidas de colores ni cápsulas con nombres en inglés para sentirse bien. La naturaleza, como dice mi vecina Marta, del barrio de Belgrano, ya viene bastante bien diseñada.

El diario se resuelve en la mesa y en la sed

Lo que comemos aporta mucho más de lo que imaginamos. Las frutas, las verduras y las legumbres cargan las reservas de potasio; los lácteos, las semillas y los frutos secos suman calcio y magnesio. El sodio y el cloruro, esos dos nombres que suenan a química del colegio, llegan básicamente con la sal y con los alimentos ya preparados que forman parte de cualquier almuerzo familiar. Esos minerales, conocidos como electrolitos, son los que distribuyen el agua por el organismo y los que mantienen a los nervios y a los músculos funcionando como tienen que funcionar. Si uno no está perdiendo líquidos a chorros, no hay ningún beneficio demostrado en salir a buscarlos en suplementos.

Dicho de otro modo: para la vida de todos los días, alcanza con prestarle atención a la sed, tomar un vaso de agua cuando el cuerpo lo pide y comer variado. Eso es todo. La frase suena casi aburrida, y sin embargo es la más cierta.

La diarrea cambia el escenario: ahí sí hay que cambiar la bebida

Ahora bien, cuando aparece una diarrea fuerte, la cosa cambia de raíz. El agua sola no alcanza, y una bebida deportiva tampoco sirve como reemplazo. La Organización Mundial de la Salud y Unicef recomiendan desde hace décadas las llamadas sales de rehidratación oral, que son sobres con proporciones muy específicas de glucosa y electrolitos. La glucosa, contra lo que uno podría pensar, no está ahí por gusto: ayuda al intestino a absorber sodio y agua al mismo tiempo, y por eso esas soluciones funcionan donde el agua sola se queda corta. La fórmula incluye además cloruro, potasio y citrato.

  • Si hay confusión mental o desmayos, hay que concurrir a una guardia.
  • Si los vómitos no paran y no se puede retener líquido, también.
  • Si se sospecha deshidratación grave, la consulta médica no se negocia.
  • Elegir una bebida por cuenta propia, por más cara que sea, no reemplaza esa evaluación.

El deporte prolongado: otra lógica, otros tiempos

Para quienes trotan, pedalean o juegan al fútbol bajo el sol, la lectura es otra. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte viene señalando que, en esfuerzos largos, las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas frente al agua pura. Pero atención, porque esa recomendación vale para entrenamientos que superan la hora, sobre todo cuando el termómetro sube y la humedad aprieta. Para una clase de gym de cuarenta minutos o una caminata por el parque, la diferencia fisiológica frente al agua de siempre es prácticamente nula. No existe una cantidad universal que sirva para todos: la sudoración varía de persona a persona, y las pérdidas de sales también.

Y acá viene el dato que pocos repiten, pero que los especialistas remarcan hasta el cansancio: beber más de lo necesario también hace mal. Puede alterar los niveles de sodio en sangre y pasar de la hidratación virtuosa al problema opuesto. Como me decía esta mañana, mientras le cebaba un mate en su vereda de Floresta, don Héctor, jubilado y caminante empedernido: «Uno toma porque le dijeron que tomar es bueno, y termina intoxicándose de agua. Hay que escuchar al cuerpo, no al comercial de la tele». Don Héctor, a sus setenta y tantos, lleva años haciendo la misma recorrida matutina, y la hace con la cantimplora llena y con el sentido común encendido. A veces, la mejor recomendación viene de la esquina de siempre.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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