Criar a un bebé en la Argentina: el INDEC pone precio a las horas que un adulto ya no duerme
El organismo calculó que mantener a un menor de un año demanda cerca de 570 mil pesos mensuales, y que dos tercios de esa cifra corresponden al trabajo de cuidado, no a paños ni a mamaderas. El número reordena el debate sobre licencias, guarderías y salarios del personal doméstico.
El amanecer llegó frío y seco en gran parte de la provincia, con esa escarcha finita que se pega al pasto y que en el campo ya sabemos cómo termina: en maíces tardíos que se demoran y en pérdidas que nadie quiere repasar en voz alta. Pero esta mañana el termómetro pasó a otro tema, porque el INDEC difundió un informe que también pesa, y mucho, en el bolsillo de las familias que están esperando un hijo o que ya cuentan los meses con la mamadera en la mano. Criar a un bebé durante el primer año de vida cuesta 570.832 pesos por mes, un número que, traducido a doce meses, se acerca a los 6.849.984 pesos, casi siete millones.
Lo más interesante del reporte no está en la cifra final sino en cómo se llega a ella. El organismo descompone el costo en dos grandes tramos: por un lado, los bienes y servicios que consume un bebé (comida, ropa, transporte, salud, educación y una proporción de la vivienda); por el otro, las horas que alguien dedica a mirarlo, levantarlo, cambiarlo, contenerlo. La primera parte, en septiembre, fue de 184.912 pesos mensuales. La segunda, mucho más abultada, trepó a 385.920 pesos. Es decir, de cada cien pesos que demanda un menor de un año, poco más de sesenta y siete corresponden al cuidado.
El tiempo, que no se compra en la góndola
Para arribar a ese guarismo el INDEC tomó una decisión metodológica que vale la pena mirar de cerca: asignó a las horas de cuidado el valor del salario de quienes se dedican a tareas generales en casas de familia, que ronda los 2.625 pesos la hora. Multiplicó ese piso por 147 horas mensuales, que es lo que se estima que demanda un bebé de hasta un año en una jornada promedio. Y de ahí salió el componente más pesado de la canasta, el mismo que muchas familias ni siquiera registran como gasto, porque lo absorbe la madre, el padre, una abuela, una tía, alguien que deja de dormir y de cobrar para que el chico esté atendido.
Daniela, de Río Segundo, lo cuenta con una mezcla de resignación y de bronca que se repite en cualquier pueblo del interior: "Yo dejé de trabajar cuando nació la primera y, cuando vinieron los mellizos, ya ni me acordaba lo que era cobrar un sueldo. El número ese del INDEC me parece bien, porque te dice lo que vale tu día, pero a mí no me entra un peso por criar. Lo que me entra es la cintura destruida y los riñones hechos polvo". Daniela no aparece en el informe oficial, pero su voz ayuda a entender por qué esa metodología incomoda tanto: ponerle precio a lo que se hace gratis en la casa es, al mismo tiempo, un reconocimiento y una denuncia.
Una suba que no fue pareja
- Bienes y servicios: pasaron de 133.300 a 184.912 pesos entre septiembre de 2025 y septiembre de este año, un alza del 38,7 por ciento.
- Cuidado: subieron de 303.687 a 385.920 pesos, con un incremento del 27,1 por ciento.
- Canasta total de menores de un año: saltó de 436.988 a 570.832 pesos mensuales, una variación interanual del 30,6 por ciento.
- De uno a tres años, el costo trepa a 679.816 pesos, el tramo más caro de la tabla, porque se necesitan ocho horas diarias de atención y todavía no llega la escolaridad obligatoria.
- Entre los cuatro y los cinco años baja a 579.752 pesos, y vuelve a subir a 728.850 entre los seis y los doce, cuando pesan más los bienes y servicios que las horas de cuidado.
Lo que muestra la comparación interanual es algo que en el interior se siente sin necesidad de estadísticas: los rubros que se ajustan por precio, como la comida, la ropa o los medicamentos, treparon más que el componente mano de obra. Es la confirmación de un proceso conocido: las familias pagan más caro lo que compran en la góndola, mientras el salario de quien debería cuidar a sus hijos, cuando se lo puede pagar, se va quedando atrás.
El informe del INDEC, a esta altura, se lee menos como una curiosidad económica y más como un mapa de pendientes que el Estado todavía no resolvió. La licencia por nacimiento en Argentina sigue siendo de las más cortas de la región, las guarderías públicas brillan por su ausencia en pueblos del interior y la registración del trabajo doméstico sigue siendo la excepción y no la regla. Cuando dos tercios de lo que cuesta criar a un bebé valen, en los papeles, las horas que alguien le dedica, la política pública debería hacerse esa pregunta con la misma claridad con que el organismo publica el número. Mientras tanto, la cifra de 570.832 pesos seguirá viajando del surco a la góndola y de la góndola a la libreta de la abuela que, otra vez este mes, volvió a prestar plata.
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