Cotizaciones paralelas en alza: el euro blue vuelve a pegar un salto y abre la jornada con seis pesos más
La moneda europea se negocia a $1.855,75 en el circuito informal, muy por encima de los $1.780 que ofrece la pizarra del Banco Nación. El euro tarjeta roza los $2.331 y el dólar blue se mantiene en $1.555, en un escenario que sigue castigando al bolsillo del viajero y del pequeño ahorrista.
Amaneció templado en el sur de Santa Fe, con esa bruma fina que suele acompañar el inicio de la primavera y que los productores miran con atención porque define cómo se comporta el suelo en los próximos barbechos, y la pregunta del día en el mostrador de la pizarra informal volvió a instalarse con la misma insistencia de siempre: cuánto vale realmente el euro que uno necesita para pagar un viaje, cancelar una deuda afuera o, simplemente, resguardar unos ahorros que en pesos se licúan cada semana, porque la cotización de la moneda europea volvió a moverse y esta vez lo hizo para arriba, nada menos que seis pesos respecto de la rueda anterior.
Las tres referencias que hay que mirar antes de comprar
- Euro blue: se ofrece a $1.855,75 para la venta y se paga a $1.816,75 para la compra, según la apertura informada este miércoles 23 de septiembre en el mercado paralelo.
- Euro oficial en el Banco Nación: cotiza a $1.780 para la venta y $1.680 para la compra, muy por debajo de la cotización informal pero todavía lejos de ser accesible para el ahorrista común.
- Euro tarjeta o turista: figura en $2.331,69, una referencia que incluye impuestos y recargos y que se aplica a los gastos efectuados con tarjeta en el exterior.
A esa fotografía hay que sumarle el dólar blue, que se mantiene en $1.555 para la venta y $1.535 para la compra, un dato que no es menor para quienes todavía conservan billete verde y evalúan pasarse a la moneda europea, porque la diferencia entre ambas cotizaciones informales puede hacer cambiar de opinión a más de uno a la hora de elegir en qué moneda refugiarse, y eso lo sabe bien Raúl, un productor agropecuario de Venado Tuerto que cada cierre de mes analiza junto a su contadora si conviene vender los dólares que le quedaron de la última cosecha de soja o esperar a que el euro retroceda algo, una decisión que describe como de las más difíciles que le toca tomar del surco a la góndola porque del precio que consigne hoy depende lo que pueda comprar mañana en el mostrador del banco.
La mecánica de la jornada merece una explicación detenida para no confundir al lector desprevenido: el valor de venta es el que paga quien quiere hacerse de moneda extranjera, mientras que el valor de compra es el que recibe quien la entrega, de manera que comparar puntas distintas sin tener en cuenta esa diferencia lleva, casi siempre, a llevarse una sorpresa amarga cuando uno se acerca a la ventanilla, y por eso conviene tener claro, antes de consultar cualquier precio, qué operación se está intentando hacer, porque no es lo mismo liquidar unos euros que se tenían guardados que salir a comprarlos para pagar un servicio en el exterior.
Mientras el euro blue se despega y el oficial queda anclado en los $1.780 del Nación, el Estado todavía no resolvió la cuestión de fondo que angustia a quienes viajan o reciben dinero del exterior: la brecha cambiaria sigue siendo un convite a la informalidad, el acceso al mercado oficial sigue restringido y los impuestos que pesan sobre el euro tarjeta lo dejaron, otra vez, convertido en el más caro de los tres, una combinación que mantiene en vilo a familias, pequeños ahorristas y, también, a los productores del interior que miran el tipo de cambio como quien mira el cielo antes de sembrar, porque saben que una tormenta puede arruinarles la campaña pero también que, mientras tanto, nadie les asegura un precio justo por lo que producen ni por la moneda en que lo cobran.
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