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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Comer como en el norte de Europa: qué dice el estudio sueco que vincula a la dieta nórdica con vivir más

Un relevamiento sobre 64.406 adultos en Suecia asocia ese patrón alimentario con una mortalidad levemente menor, aunque los propios autores piden cautela. Especialistas consultados explican cómo se puede adaptar la propuesta a la mesa argentina sin gastar de más.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 3 min
Comer como en el norte de Europa: qué dice el estudio sueco que vincula a la dieta nórdica con vivir más

El sol cae de costado sobre la plaza del barrio y, mientras los chicos terminan la merienda, la conversación de los mayores suele terminar en lo mismo: qué se pone en la mesa para no enfermarse. Acá, en cualquier ciudad argentina, suena cada vez más seguido la idea de copiar lo que hacen en otros países para comer mejor. Esta semana, un estudio de las universidades de Aarhus y Upsala volvió a poner el foco en la llamada dieta nórdica, un patrón basado en vegetales, legumbres, cereales integrales, pescado y grasas insaturadas, y lo relacionó con una mortalidad algo más baja en adultos suecos seguidos durante más de dos décadas.

Qué es la dieta nórdica y por qué interesa

Aunque el nombre remite a Escandinavia, la propuesta puede traducirse a productos locales y de estación. En su versión original aparecen con frecuencia el centeno, las manzanas, las peras, las bayas, las coles, la zanahoria y la remolacha, además de aceite de canola, pescados grasos y frutos secos. La pauta busca reducir carnes procesadas, ultraprocesados, productos con abundante azúcar y grasas saturadas como la manteca o la bollería industrial.

En la Argentina, esa traducción puede empezar por lo que ya está al alcance de cualquier verdulería de barrio: avena, lentejas, garbanzos, verduras de estación, frutas como manzana y pera, y pan integral en lugar de pan blanco. Cuando el presupuesto lo permita, se puede sumar pescado, que en el litoral y en el sur del país suele ser más accesible. El aceite de canola puede reemplazarse por aceite de girasol o de oliva, según la disponibilidad y el bolsillo.

Qué midió el estudio y qué encontró

El trabajo, publicado en una revista científica de referencia y difundido por los portales especializados, analizó datos de 64.406 adultos suecos de mediana y avanzada edad relevados entre 1997 y 2019. Los investigadores simularon distintos escenarios alimentarios durante 24 años y compararon los resultados en términos de mortalidad y de complicaciones hepáticas graves.

Para una adhesión estricta a la dieta nórdica saludable, el riesgo estimado de muerte por cualquier causa fue un 4 % menor que bajo las Recomendaciones Nórdicas de Nutrición de 2023, y un 6 % menor que frente a un escenario sin intervención alimentaria específica. La diferencia parece chica, pero en términos de salud pública puede traducirse en miles de personas, según remarcan los autores.

Por qué hay que tomar los números con cuidado

El propio equipo de investigadores aclara que los participantes no fueron asignados al azar a distintas dietas, como ocurre en un ensayo clínico controlado, sino que se usaron modelos estadísticos que comparan escenarios hipotéticos. Esos modelos dependen de supuestos, como que no haya otros factores no medidos que expliquen parte de la asociación observada.

Además, el objetivo principal del trabajo era evaluar complicaciones hepáticas graves, y en ese punto, según el resumen del estudio, no se observó un efecto claro a favor de la dieta nórdica. Los autores remarcan que se necesita más investigación para confirmar los hallazgos y para entender qué mecanismos podrían estar en juego.

  • Reemplazar pan blanco por pan integral o por avena en desayunos y meriendas.
  • Sumar legumbres como lentejas, garbanzos o porotos al menos dos o tres veces por semana.
  • Incorporar verduras de estación como base del plato, en lugar de como acompañamiento.
  • Elegir frutas de estación, como manzana, pera o banana, en lugar de productos ultraprocesados.
  • Usar aceite de girasol o de oliva en lugar de manteca o grasa animal para cocinar.
  • Reducir el consumo de fiambres, embutidos, snacks de paquete y golosinas.
  • Incluir pescado una o dos veces por semana cuando el presupuesto lo permita.

Como me dijo días atrás Marta, vecina del barrio de Belgrano mientras hacíamos la cola en la verdulería, comer mejor no es cuestión de copiar una receta extranjera sino de animarse a cambiar de a poco lo que ya tenemos en la heladera. En esa línea parecen coincidir los autores del estudio: la dieta nórdica es un punto de partida, no un molde rígido, y la mejor versión de esa pauta es la que cada familia puede sostener en el tiempo con los productos que consigue en la esquina de su casa.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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