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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Chequeos que salvan silencios: por qué ir al médico sin sentir nada también es una decisión

La hipertensión, la diabetes y hasta algunos tumores pueden pasar años sin dar señales. Especialistas insisten en que los controles periódicos son la única manera de detectarlos a tiempo, y la frecuencia cambia según la edad, el sexo y los antecedentes de cada persona.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 4 min
Chequeos que salvan silencios: por qué ir al médico sin sentir nada también es una decisión

Acá, en la esquina de cualquier barrio porteño, basta con detenerse un segundo para entender de qué va esta nota. El doctor atiende, el paciente se sienta, le toma la presión y le pregunta cómo se siente. El paciente, casi siempre, responde que se siente bien. Y sin embargo, ahí mismo, en ese consultorio tranquilo, puede estar empezando a escribirse una historia que todavía no dio señales: la hipertensión que no avisa, el colesterol que sube sin hacer ruido, la glucemia que se desordena en silencio. Por eso los chequeos preventivos importan aunque uno tenga la sensación de que no falta nada por revisar.

Sentirse bien no es lo mismo que estar bien

La confusión es de las más comunes y de las más peligrosas. Hay condiciones que durante años no producen ningún síntoma evidente y que, cuando aparecen las primeras molestias, ya dejaron huella en el organismo. La presión arterial elevada es el ejemplo clásico: puede mantenerse por encima de los valores recomendables durante mucho tiempo sin que la persona lo note. Algo parecido ocurre con alteraciones en los análisis de sangre que dan pistas sobre el funcionamiento renal, hepático o el riesgo cardiovascular. Los controles periódicos existen, justamente, para sacar a la luz esos factores antes de que se conviertan en algo más serio.

En una consulta preventiva, el equipo de atención primaria suele registrar peso, talla, presión arterial, frecuencia cardíaca y función respiratoria, además de revisar ojos, oídos, piel y mucosas. Con esos datos, el profesional decide qué estudios complementarios corresponden según la edad, el sexo y el historial clínico. No es lo mismo la indicación para una mujer joven sin antecedentes que para un varón de 55 con padre cardíaco.

Qué se mira en un análisis de rutina

  • Función renal y hepática, para ver cómo trabajan riñones e hígado.
  • Niveles asociados con diabetes y riesgo cardiovascular, como la glucemia y el colesterol.
  • Presencia de anemia o procesos inflamatorios que puedan estar pasando desapercibidos.

Michelle Spencer, enfermera especializada certificada de la Universidad de Utah, lo dijo en términos que vale la pena repetir: los cuidados preventivos contemplan el historial médico, los antecedentes familiares y el estado presente de salud para armar un plan individual. La frase parece técnica, pero en la práctica significa que no todos los pacientes necesitan los mismos estudios ni con la misma frecuencia.

Los antecedentes familiares pesan, y mucho

Acá aparece un punto que muchos subestiman. Si en la familia directa hubo enfermedades cardíacas, diabetes o determinados tipos de cáncer, es probable que los controles tengan que empezar antes y repetirse con mayor frecuencia. El cuerpo no se hereda, sí se hereda la predisposición. Por eso, en la consulta, la pregunta sobre padres, hermanos y abuelos no es un trámite: es información clave para decidir qué mirar y cada cuánto.

Cada edad, una frecuencia distinta

  • Entre los 20 y los 30 años, una persona sana sin antecedentes puede requerir un chequeo cada uno a tres años.
  • A partir de los 40, las recomendaciones suelen orientarse hacia controles anuales.
  • Entre los 45 y los 75 años se recomienda incorporar la detección de cáncer colorrectal; la colonoscopia cada diez años es una de las alternativas habituales, aunque los antecedentes pueden adelantar ese inicio.
  • Desde los 50 hasta los 59, los chequeos anuales son una práctica frecuente.

Hay etapas en las que el control se vuelve todavía más importante. Durante el embarazo, las consultas prenatales regulares permiten detectar complicaciones como preeclampsia, diabetes gestacional, problemas de crecimiento fetal o infecciones que pueden afectar a la madre y al bebé. En personas con enfermedades crónicas, el esquema se ajusta a la condición: lo que para un adulto sano es anual, para alguien con diabetes o hipertensión puede ser mensual.

“Sentirse bien es una buena noticia, pero no es un certificado de que todo esté bien. El chequeo existe para confirmar lo que el cuerpo todavía no dice.”Doctora Silvia Pereyra, médica clínica del Hospital Durand, consultada por este portal

La conclusión es bastante simple y, al mismo tiempo, bastante difícil de aplicar. Esperar a tener un síntoma para ir al médico es, en muchos casos, llegar tarde. Los controles preventivos no prometen eternidad ni inmunidad, pero ofrecen algo que muchas veces no tiene reemplazo: tiempo. Tiempo para encontrar algo a tiempo, para tratar lo tratable, para ajustar lo que se pueda ajustar. Y eso, en la vida cotidiana, termina siendo una de las decisiones más serias que uno puede tomar por sí mismo.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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