Asma con rostro femenino: cuando las hormonas complican la respiración de las mujeres adultas
Después de la pubertad, la enfermedad cambia de tendencia: las mujeres concentran más episodios graves, más internaciones y un seguimiento clínico atravesado por el ciclo menstrual, el embarazo y la menopausia. Especialistas revisan qué se sabe y qué falta confirmar.
Acá, en la puerta del consultorio, el aire de la tarde todavía arrastra ese olor a pasto cortado de los municipios del conurbano, y María del Carmen me cuenta que después de los treinta su asma dejó de ser una molestia pasajera para transformarse en una compañía inseparable. Vive en Lanús, tiene 52 años y trabaja en una fábrica de golosinas, y dice algo que resuena con lo que muestran los estudios más recientes: que las mujeres adultas no solo sufren asma con más frecuencia que los varones, sino que además les cuesta mucho más mantenerla a raya. El dato no es menor, porque en la Argentina y en el mundo la enfermedad respiratoria crónica más diagnosticada tiene desde hace rato un rostro predominantemente femenino, y la explicación parece escribirse, en gran parte, en clave hormonal.
La inversión de la tendencia después de la pubertad
Hasta la adolescencia, la balanza se inclina para el lado de los varones. A partir de la primera menstruación, la ecuación empieza a cambiar. Un análisis publicado en 2025 en BMC Pulmonary Medicine, elaborado sobre la base del estudio Global Burden of Disease 2021, calculó que unas 260 millones de personas vivían con asma en el mundo ese año, y en los segmentos de adultos la prevalencia y la gravedad se concentran de manera creciente en las mujeres. Ellas consultan más en guardias, requieren más internacionales y reportan peor calidad de vida vinculada a la enfermedad, un combo que describe cualquiera de las pacientes que pasan por los servicios de neumonología de los hospitales públicos de la provincia de Buenos Aires.
Ahora bien, la diferencia entre sexos no responde a una causa única ni definitiva. Un trabajo publicado en The Journal of Allergy and Clinical Immunology, conducido por Dawn C. Newcomb de la Universidad Vanderbilt, se internó en células immunitarias de pacientes con asma grave y encontró que el estradiol y la progesterona pueden empujar la producción de IL-17A, una proteína vinculada a procesos inflamatorios. En paralelo, registró mayor actividad de células llamadas TH17 en mujeres con asma grave respecto de varones con el mismo diagnóstico. El equipo fue claro: el hallazgo no prueba causalidad directa ni se aplica a todos los casos, porque el grupo estudiado fue chico y parte del análisis se hizo en modelos animales.
Genética, peso y ambiente: las otras llaves que giran la cerradura
En esa misma línea, Patricia Silveyra, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana, suele remarcar que no se trata de genes completamente distintos entre mujeres y varones. Un mismo gen puede comportarse de manera diferente según el sexo, en interacción con las hormonas y con el entorno. Y acá aparece un dato que en la consulta se repite: la grasa corporal, la exposición a alérgenos domésticos, el humo de tabaco ajeno y la contaminación del área metropolitana suelen ser factores que, combinados, hacen que el cuadro sea más rebelde en mujeres adultas que en varones de la misma edad.
Ciclo menstrual, embarazo y menopausia: tres momentos que mueven el termómetro
Una revisión sobre asma premenstrual estimó que hasta un 40 por ciento de las pacientes podría notar variaciones ligadas al ciclo, aunque los estudios disponibles no permiten cerrar una cifra definitiva. La hipótesis más estudiada apunta a las oscilaciones de estrógeno y progesterona en los días previos a la menstruación, que podrían aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas. En el embarazo, la evolución tampoco es predecible: la literatura clásica describe que aproximadamente un tercio de las embarazadas con asma empeora, un tercio se estabiliza y otro tercio mejora, de modo que cada caso pide un seguimiento personalizado y, sobre todo, un equipo médico que no minimice los síntomas.
- La prevalencia mundial de asma se estimó en 260 millones de personas en 2021 según Global Burden of Disease.
- El estradiol y la progesterona pueden aumentar la producción de IL-17A, una proteína inflamatoria vinculada al asma grave.
- Hasta un 40 por ciento de las mujeres asmáticas podría notar variaciones en los síntomas ligadas al ciclo menstrual.
- En el embarazo, aproximadamente un tercio de las pacientes empeora, un tercio se estabiliza y un tercio mejora.
- Los mismos genes pueden expresarse de manera distinta en mujeres y varones según el contexto hormonal y ambiental.
“Mi asma era una cosa de chica, después volvió con todo y nadie me había explicado que las hormonas podían cambiar el panorama. Cuando lo entendí, dejé de pelearme con el inhalador y empecé a hablar más con mi médica.”María del Carmen, paciente asmática de Lanús
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