Amazon ya tiene más robots que gente y, según sus propios papeles, también más golpes
La compañía superó el millón de unidades en sus depósitos y, a la vez, mantiene 1,5 millones de empleados. Un informe del Senado estadounidense y los registros internos de la propia firma alimentan el debate sobre si la automatización cuida o complica a los trabajadores.
A mí me pasó: pedí un cable por una app, me llegó tres días tarde y, cuando finalmente llegó, vino con la caja abierta. Antes de quejarse por la app, a uno se le cruza la idea de que detrás de ese paquete hay un galpón enorme, lleno de máquinas que andan solas, y de personas que intentan no quedar pegadas entre ellas. La escena resume bastante bien lo que ocurre en Amazon, la empresa más robotizada del planeta, que acaba de cruzar un umbral simbólico y, de paso, encendió un debate incómodo.
Según el reporte anual 2025 de la compañía, la flota de robots en sus centros de distribución ya supera el millón de unidades en todo el mundo, mientras sigue empleando a más de 1,5 millones de personas entre contratos full time y part time. Para dimensionarlo: si los robots fueran personas, serían la cuarta ciudad más grande de la Argentina, después de Buenos Aires, Córdoba y Rosario. La directora financiera adjunta, además, anticipó que este año el parque de brazos robóticos se va a más que duplicar, con nuevas fábricas en Austin, Texas, y en Greenwood, Indiana.
De Kiva a Vulcano, el mapa de la flota
La historia empieza en 2012, cuando Amazon le compró a Kiva Systems, una empresa que fabricaba robots con ruedas que, en vez de hacer caminar a los empleados por pasillos interminables, les acercaban la estantería entera a la mesa de trabajo. De ahí salió Amazon Robotics. Aparecieron modelos como Hércules y Titán, capaces de mover estructuras del tamaño de un piano de cola, y Proteo, el primero que pudo circular mezclado con personas gracias a sus sensores. Piensen en una colonia de hormigas con ruedas, pero cada una del porte de un barril de cerveza.
Para que esa colonia no se trabe en los pasillos, la empresa creó DeepFleet, un sistema de inteligencia artificial que coordina los movimientos y que, según sus propias mediciones, recortó un 10 por ciento el tiempo de traslado de la flota. La línea más nueva son los brazos robóticos con IA: Robin, con ocho ventosas, separa paquetes de pilas revueltas; Cardinal mete bultos de hasta 22 kilos en carritos; Sparrow identifica cientos de millones de productos para reponer cajones. El último es Vulcano, el primer brazo de Amazon con sensores de fuerza, algo así como sentido del tacto: funciona desde 2025 en plantas de Spokane, Washington, y Hamburgo, Alemania, y tiene una expansión prevista para 2027.
La letra chica: más robots, más accidentes
- Una investigación de 18 meses de la Comisión de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado de Estados Unidos, cerrada en diciembre de 2024, concluyó que los depósitos de Amazon tuvieron en 2023 una tasa de accidentes 30 por ciento más alta que el promedio del sector de logística y almacenamiento.
- Los registros internos de la propia empresa, filtrados en el marco de esa pesquisa, son todavía más picantes: los centros con robots registran una tasa de accidentes 28 por ciento mayor que los que no los tienen.
- Amazon replica que, a igual cantidad de empleados, los centros automatizados son más seguros y que la tasa general de incidentes bajó 16 por ciento entre 2020 y 2023, aunque los críticos responden que la comparación se hace sobre una base cada vez más grande de gente expuesta.
Scott Dresser, vicepresidente de Amazon Robotics, suele repetir que la idea es que las máquinas se queden con las tareas más pesadas y riesgosas. El argumento suena razonable y, siendo justos, hay casos puntuales donde los brazos hacen fuerza por el operario. El problema es que los números, incluso los que la propia compañía firma, muestran que la cosa no termina de cerrar: más robots no significa, por ahora, menos golpes. Y no se trata de un tecnicismo contable: en Estados Unidos, la OSHA, la agencia oficial de seguridad laboral, ya tiene más de una decena de investigaciones abiertas contra distintos centros de Amazon.
“Nuestra intención es que la automatización se haga cargo de los movimientos más repetitivos y extenuantes. Pero también somos responsables de que el ritmo del sistema no termine empujando a la gente a trabajar más rápido de lo razonable.”Scott Dresser, vicepresidente de Amazon Robotics
Ahora, ojo con un dato que a veces se pierde: cuando uno dice IA, no se imagina un cerebro enorme en una oficina de Seattle, sino un sistema que decide, en milisegundos, cuánta mercadería mover y a qué velocidad. Esa misma coordinación que mejora la productividad es la que marca el ritmo al que cada empleado tiene que responder del otro lado del estante. La tecnología, otra vez, es neutral: el problema es cómo se la enchufa al trabajo. Y hasta ahora, los papeles dicen que la enchufadura todavía tiene fugas.
Mi consejo, si te toca laburar cerca de un sistema así o si te interesa el tema, es simple: no te quedes con el comunicado de prensa. Pedí las tasas de incidentes, compará año contra año, fijate si la empresa publica datos por centro o solo un promedio general, y preguntá qué se considera accidente registrable. Si el número que te tiran es solo de lesiones graves y deja afuera los esguinces, las torceduras y los movimientos repetitivos, ya sabés que la foto está recortada. Y cuando un gigante de la logística te dice que la robótica nos cuida a todos, mirá primero el galpón propio antes de aplaudir.
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