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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

Amaru, la comedia que desnuda a una familia que habla de todo menos de lo que importa

Andrea Garrote vuelve al Teatro Picadero con una pieza de 80 minutos donde una palabra en quechua alcanza para desordenar el living más prolijo. Cuatro actores, humor en capas y un final con un guiño fantástico.

CA
Celeste AlcarazCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Amaru, la comedia que desnuda a una familia que habla de todo menos de lo que importa

El domingo a las seis de la tarde, en el pasillo angosto que lleva a la sala del Teatro Picadero, ya se sentía el murmullo típico de la previa: gente grande, sobre todo parejas y grupos de amigos, comentando a media voz si ya habían visto algo de Andrea Garrote. Yo me ubiqué en la platea, escuché las tres campanadas y, cuando se apagaron las luces, entendí rápido que esta comedia no iba a regalarme una sola sonrisa fácil.

La obra abre en un living impecable, de clase media ilustrada, donde conviven una madre, un padre y un hijo Lucas. Lo primero que hacen es discutir por el significado exacto de un adjetivo. La escena es mínima, pero te instala de un saque: en esa casa las palabras son un escudo, y cuanto más sofisticado el término, más lejos quedan de lo que de verdad les pasa. Cuando el hijo les presenta a su novia, Amaru, el delicado equilibrio empieza a crujir.

Amaru no llega a provocar nada a propósito, y sin embargo lo revuelve todo. Propone pactos sobre el uso de las pantallas, maneja un vínculo con el tiempo que a los padres les resulta ajeno y trae, sobre todo, algo que ahí adentro escasea: contacto afectivo, piel, presencia. Suena simple contado así, pero en escena el efecto es notable. Ella desordena y, al mismo tiempo, les muestra a los tres lo que les faltaba.

Un elenco que se banca el truco

Garrote se pone en la piel de Mariel, la madre, y la lleva al extremo con una precisión cómica admirable: la ves desconfiar, te desespera un poco y, sin embargo, nunca pierde la ternura. Marcos Ferrante compone a un padre en plena crisis de mediana edad, con esa verborragia adorable de quien se da cuenta tarde de todo. Julián Cnochaert, como Lucas, transita del humor a la emoción casi sin que lo notes, y Fiamma Carranza Macchi le da a Amaru una presencia magnética: genera tanto encanto como una zozobra leve, constante.

La dirección, que Garrote comparte con Carolina Stegmayer, sostiene el ritmo durante los 80 minutos y deja que el humor respire sin apurarlo. La escenografía minimalista de Santiago Badillo resuelve el espacio en pocos niveles, y esos desniveles cuentan por sí solos quién manda y quién cede en cada escena. Hacia el final aparece un elemento fantástico que no desentona con el tono: la comedia se inclina un instante hacia el asombro, te deja con una sonrisa medio incómoda y vuelve a su cauce.

  • Título: Amaru, de Andrea Garrote.
  • Dirección: Andrea Garrote y Carolina Stegmayer.
  • Elenco: Andrea Garrote, Marcos Ferrante, Julián Cnochaert y Fiamma Carranza Macchi.
  • Escenografía: Santiago Badillo.
  • Duración: 80 minutos.
  • Funciones: domingos a las 18 en el Teatro Picadero, pasaje Enrique Santos Discépolo 1857.

Salí del Picadero con una sensación rara: la de haberme reído en lugares donde, un rato antes, no tenía idea de que me incomodaba algo. Si te pasa eso en el teatro, casi siempre es buena señal. La próxima función es el domingo a las 18. Andá con tiempo, sentate temprano y dejate llevar por Amaru, que a veces una sola palabra, bien puesta, alcanza para desarmar una familia entera.

CA
Celeste AlcarazCultura y espectáculos

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