Aftas en la boca: por qué aparecen, cuándo se van solas y cuándo conviene llamar al médico
Una molestia tan común como desconcertante, que casi nunca reviste gravedad pero que en algunos casos puede ser la punta del iceberg de algo más serio. Una guía para leer las señales que deja en la mucosa y saber cuándo toca golpear la puerta del consultorio.
La cita era a las cuatro de la tarde en un consultorio del barrio de Belgrano y afuera, aunque era pleno agosto, la humedad de Buenos Aires se pegaba a la piel como si el río hubiera decidido mudarse a la vereda. Adentro, la doctora Laura Espínola revisaba la boca de Marta, una vecina de cuarenta y pocos años, que llegaba con la lengualastimada por cuarta vez en lo que iba del año. La pregunta flotaba en el aire antes de que la paciente la formulara: ¿esto es una simple afta o hay algo más? Es, justamente, la pregunta que muchos se hacen cuando aparece esa llaga blanca,redondita y dolorosa que parece no tener explicación a la vista.
Porque las aftas, esas úlceras chiquitas que suelen brotar en la cara interna de las mejillas, debajo de la lengua, en las encías, en el paladar blando o en el interior de los labios, son una de las consultas más repetidas en cualquier guardia odontológica o clínica médica. El aspecto es bastante reconocible: un centro blanquecino, gris o amarillento, rodeado por un halo rojizo, muchas veces precedido por un ardor o un cosquilleo molesto. La buena noticia es que, en la enorme mayoría de los casos, se trata de una lesiónautolimitada que se resuelve sola en una o dos semanas y que no deja marcas en la mucosa. La mala es que, cuando se repite, cuando se agranda o cuando aparece acompañada de otros síntomas, puede estar gritando algo que conviene escuchar a tiempo.
La geografía de una afta y sus variantes
Acá viene la primera distinción importante. Existen tres tipos principales. La afta menor es la más frecuente: mide menos de un centímetro, es redondeada, duele pero cicatriza rápido y suele ser única o aparecer en grupitos de a dos o tres. La afta mayor es otra historia: más grande, más profunda, mucho más dolorosa y con tiempos de curación que pueden estirarse hasta seis semanas. Por último está la variante herpetiforme, compuesta por múltiples ulceraciones diminutas que tienden a agruparse y que, pese al nombre, no tienen nada que ver con el herpes. Es clave no confundirlas: el herpes labial aparece afuera, en el borde externo de los labios, y es contagioso; las aftas viven puertas adentro de la boca y no se transmiten.
Ahora bien, ¿por qué aparecen? Los desencadenantes más documentados son bastante terrenales: morderse la mejilla sin querer mientras se come, un cepillado demasiado enérgico, el roce constante con los brackets de la ortodoncia o con una prótesis mal calibrada, una quemadura con un café recién servido o con un pedazo de pizza ardiendo. A eso se le suman el estrés, el cansancio acumulado y los cambios hormonales que muchas mujeres sienten asociados al ciclo menstrual o al embarazo. También la alimentación juega su partido: las carencias de hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del complejo B y vitamina D aparecen una y otra vez en la literatura médica como factores relacionados. Un metaanálisis publicado el año pasado en la revista BMC Oral Health, por citar un ejemplo concreto, encontró que las personas con aftas recurrentes registraban con mayor frecuencia déficit de vitamina B12, bajas reservas de hierro medidas por ferritina y niveles reducidos de hemoglobina, aunque los propios autores aclararon que asociación no es causalidad y que en algunos indicadores la evidencia sigue siendo limitada.
Cuando la afta deja de ser una simple molestia
Acá es donde la cosa se pone seria. Hay una diferencia enorme entre el granito que aparece cada tanto porque uno se mordió la mejilla comiendo un sándwich y las lesiones que reaparecen una y otra vez sin explicación visible. Cuando la frecuencia es alta, cuando son múltiples o cuando aparecen junto con síntomas en otras partes del cuerpo, la explicación puede estar en una enfermedad de base. Entre las condiciones asociadas se cuentan la celiaquía, la enfermedad de Crohn, el lupus, la enfermedad de Behçet, la artritis reactiva, ciertas infecciones virales, bacterianas o fúngicas y los estados de inmunidad debilitada, incluido el VIH. No quiere decir que toda afta recurrente esconda una de estas patologías, pero sí que el patrón, la reiteración y el contexto clínico funcionan como pistas que el profesional tiene que leer en conjunto.
La recomendación de los especialistas consultados es bastante directa: si la afta es la típica, chica, aislada y se va en pocos días, alcanza con medidas sencillas como evitar alimentos muy ácidos, picantes o demasiado calientes, mantener una buena higiene bucal y, si el dolor molesta mucho, recurrir a geles tópicos con anestésicos suaves que se consiguen en cualquier farmacia. Pero si el cuadro se escapa de ese patrón conocido, el camino es la consulta. Marta, la vecina de Belgrano, terminó yéndose del consultorio con un análisis de sangre pedido y la promesa de volver en dos semanas. A veces, como me dijo mientras esperaba el colectivo en la esquina, lo más importante no es la llaga en sí, sino prestarle atención a lo que la llaga está intentando decir.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Nodo San Luis